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viernes, 15 de enero de 2010

en la noche

Las criaturas de la noche no hacen ningún ruido cuando son invisibles
sólo atraviesan el mundo en cabalgata salvaje
esperando
observando
a que salgas de casa a la hora de las brujas
cuando los murciélagos vuelan
y los cuervos se despojan de sus máscaras
revelando su bestial naturaleza
en un baile infernal
dirigido por un rey brujo
cuya mirada significa escalofrío, y su toque, la muerte.
Cuando los acólitos juegan a juegos prohibidos
invocando a oscuras deidades que la Humanidad jamás debió conocer.
Cuando los hijos de la noche enfundan su mirada en cuero y obsidiana,
y es cierto que su semblante es más negro que los más aciagos sueños.
Cuando los gatos erizan sus lomos ante lo que el hombre jamás pudo comprender,
y ay de ti si llegas a entreverlo
pues un solo paso habrá significado
la pérdida de lo que es para ti más preciado
convirtiendo tu vida
en la de una marioneta
de cuerdas cortadas.
Las criaturas de la noche no hacen ningún ruido cuando son invisibles.

jueves, 28 de mayo de 2009

Fin

Éste es el relato de Arturo, que no conseguía colgarlo, así que lo hago yo. Por cierto, Arturo, a lo mejor no estabas conectado cuanto entraste, o al copiarlo desde Word no te dejaba... Podemos investigarlo ^^

Bueno, creo que esto es una despedida. Supongo que debería llorar, pero si lo pienso bien... no me apetece realmente. Cuando eres suficientemente viejo para entender, comprendes que ciertas cosas no valen la pena. Tristemente, nunca se es suficientemente viejo para comprender, salvo cuando, como yo, estás esperando tu cita con la Dama. Si entonces eres capaz de abarcar toda tu existencia con una sola mirada; si eres capaz de observar desde el principio hasta el final; si eres capaz de aprender de los buenos y malos momentos; y sólo si entonces eres capaz de sacar pecho y comprender, entonces serás lo suficientemente viejo, y sabrás qué tiene importancia y qué no. Por desgracia, demasiada gente muere joven

Fue esta mañana cuando supe que iba a morir. Paseaba por los jardines, a la vera del río, escuchando apaciblemente las voces de los árboles como solía. En ese momento, una figura me salió al camino, y entonces lo supe. Porque vi su aspecto demacrado, su largo cabello azul, su manto a juego con la melena, y esos ojos grises, helados, casi sin expresión, sus manos huesudas aunque bellas todavía en cierto modo. Porque vi que era idéntico a mí, y al instante supe que era mi Doppelganger, mi doble espiritual, que se me aparecía, anunciándome así el día de mi muerte. Le tendí la mano, e inmediatamente desapareció dentro de mí.

¿Eres capaz de recordar? Supongo que recuerdas qué has comido, con quién saliste anoche e incluso qué hacías anteayer a la hora del café. Pero, ¿eres capaz de cerrar tus ojos, y ver en el interior cómo toda tu vida desfila ante ti? ¿Podrías recordar qué llevabas puesto cuando besaste a tu primer amor? ¿La hora exacta en la que la Muerte tocó por primera vez a un familiar tuyo? Claro que no. Pero no te culpo. Es cosa común que nuestras vidas escapan como la arena entre los dedos, y con ella los gozos y penas “menores” -“¿A quién le importa?”-puedes preguntarte-¿Acaso es relevante?- Pues sí, te respondo, lo es. Porque cuando olvidas un placer, algo te está robando una recompensa que merecías, pero aún peor: Cuando olvidas una desgracia olvidas también el motivo que la causó, así como sus consecuencias y las conclusiones que sacaste de ella. Así, sufres en vano, y nada de eso te llevas al otro lado. Sí, escandalízate y comprende, porque esto importa de veras. Pero también lo olvidarás, como yo lo hice, para al final recordar y llegar a mi estado.

Supongo que he tenido una vida plena, todo lo plena que puede ser la vida de un hombre azul: Tuve amigos; me acosté con mujeres; conocí maestros; reí; aprendí y amé; pero también me equivoqué y lloré; y sufrí, sufrí mucho y largamente: El dolor cruzó mi espinazo, y fui atravesado por astas y filos, tanto físicos como espirituales. Ardí, me congelé, estallé en una lluvia multicolor de fuegos artificiales, y saqué provecho de todo ello. En ese sentido los cristianos no van del todo desencaminados: “El Reino de los Cielos es para los que sufren penalidades”, pero alguien omitió las palabras completas del Único Rey: “penalidades de las que puedan aprender”. Ciertamente sólo así te ganarás el Cielo.

Soy suficientemente viejo para comprender que este cuento llega a su fin, y no voy a llorar. Espero que sigas mi ejemplo, seas quien seas, que si encuentras este pergamino puedas vivir en paz, sentir grandes dolores y grandes placeres, y espero que cuando llegue el momento puedas abarcar toda tu vida con una sola mirada y sacar pecho. Que puedas cerrar los ojos y ver a todos los que te ayudaron un día y te sujetaron cuando lo necesitabas; a todos los que te enseñaron por dónde debías seguir, pero sin llevarte de la mano por el camino; a todas las personas en las que te acurrucaste y te mecieron en sus brazos susurrando las más bellas palabras de amor en tu oído.

Así, este cuento llega a su fin, y es hora de mi última salida. Lloraría, pero creo que realmente no me apetece.


miércoles, 4 de febrero de 2009

De la palabra a la poesía

Aquí, con una lista de palabras asociadas (raíz, agua, vida, muerte, sangre, entrañas, biología, herida, cirujano, hospital, enfermo) (serenidad, nervioso, estrés, determinación, senado, autarquía, caos, paciencia, Carlos, desesperación, paz) tenemos que hacer un poema en tercjera persona (je, je)
con o sin rima. Y éste es el mío:


¡ARPÍA!
Que eres agua turbia,
herida del alma
y falso provocar
¡ARPÍA!
Que riegas el árbol de la pasión
y su más grande raíz
presta haces arrancar
¡ARPÍA!
Que te ofreces "cirujano",
que atraes a tu "hospital"
y cuando ya se está listo
¡Sólo te place cortar, cortar, cortar!
¡ARPÍA!
Tú que enganchas al enfermo
a tu falsa medicina
en tu páramo yermo
¡Nacido de la mentira!
¡ARPÍA!
¡OYE!
Experta en sacar de quicio,
tú, que susurrando "vida, vida"
los llevas a tu precipicio;
sabes la biología de la muerte;
que te place el beber sangre
y el festín de entrañas
¡OYE!
¡ARPÍA!
Que de pensarte hierve la sangre.
Estoy harto de suplicarte;
que de abrazarte, de quererte,
de tí... sólo estoy hastiado

jueves, 11 de diciembre de 2008

Escrito de Arturo

oScuridad arriba, oscuridad abajo. Gruñidos, terror abSoluto, aliento fétido, jadeos animales. Nada nuevo bajo el Sol.
Sol muerto, negro, riéndose de mí, mofándose, eScupiendo palabras desconocidas que, como grilletes, apresan mis pieS.
Sacudiéndomelos sigo corriendo, el aliento más cerca, la saliva empieza a salpicarme, sus colmillos, sus garras, sus ojos:
Simplemente antorchas heladas iluminando el camino del Sufrimiento, siguiéndome, invitándome, Seduciéndome
laScivamente a que le entregue lo que eS mío, a tumbarme y mecerme en sus brazoS
Sensuales de mujer, a acercar mi boca a la Suya y perder mi posesión más preciada para Siempre.
Sólo a rendirme, ¡pero yo corro más rápido,Salto más alto, vuelo más lejos, soy mucho más fuerte!Sí...
Seguro. Engañándome a mí mismo corro por calleS vacías, a través de parques, muroS,
Sólo sé que nada puede detenerme. Pero Sus movimientos son relajados, se deSliza
Suavemente tras de mí, flota suSpendida en el aire como paladeando el infinito y despuéS
Se abate sobre mí como el rayo, carcajeando Siempre, pues sabe que no aguantaré mucho aSí,
ya que Suya es la fuerza del relámpago negro, y loS hijos del abismo ya de niña le dieron sus bendicioneS:
Su caminar altivo, su astucia sin límite, y suS ojos de gata, más negros que la más tenebrosa de las nocheS.
Así, Sigo huyendo aunque sé que ni podré ni querré reSistirme a sus labios empapados en muerte y oScuridad.
Sudo sangre, lloro sangre¡llueve Sangre! y, chorreando, al fin caigo exhausto a sus pieS.
ASí, el Súcubo sonríe, Satisfecho
pueS sabe que su deseo eStá próximo a cumplirSe.
Sujeta mi cabeza entre suS manos, acerca sus dulceS
labioS a los míos, y ya sé que vagaré siendo mi espíritu su eSclavo, perdido para siempre en esta tierra de deseSperación