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lunes, 5 de abril de 2010

Morir en un mar de dudas

Texto de Dani G. sobre "La naturaleza en sentido metafórico"

Atravieso el espejo sin percepción alguna de la realidad, no sé dónde estoy, no sé dónde iré, solo soy impulsado por lo que nunca seré. La oscuridad cubre mi honrada pupila llenando mi mente de horribles mentiras. ¡Oh eterna oscuridad maldita! Sí, tú, la que cubres el efímero día, la que nunca termina donde reside tu poder seductor que nubla mi vista. Tú, la que hundes la esperanza humana, la que vuelve débil mi mirada. Quizá soy demasiado débil para afrontar la realidad, quizá debo huir de este mundo imaginario, pero entonces la oscuridad vencería y ya solo quedaría la nada. Por ello debo avanzar, recordar la valentía de los autores, acogiendo sus ojos de cristal y vislumbrar por ellos la verdad. Debo buscar mi evasión ahora que puedo soñarlo, un conejo, un reloj mágico, pues soy yo quien dirige este mundo chiflado. Entonces se alza el castillo blanco, el que suspira entre la nieve, sin darse cuenta de lo que siente, una dama blanca, como quieras llamarla, yo solo busco un sombrero que me indique la mañana helada como una alicia en el país de las maravillas que casi muere ahogada por sus propias lágrimas. Pero yo no quiero llorar, solo lamento no haber luchado antes, no haberme enfrentado a lo inquietante, haber reaccionado sin sombrero, aunque ahora tampoco lo tengo.
La fiesta del Té aparece en el aire, de absoluto imprevisto, sin preceder una sola lágrima volátil. Desafío la gravedad y escalo el cielo eterno en busca de mi sombrero. Sin embargo la historia se repite de nuevo en una cinta infinita. Solo la liebre me espera en la cita y no parece dispuesta a sugerir que viva, solo me mira, rogando que me rinda. Ya no lo resisto, pego un grito y todo muere en la nada del olvido.
La fiesta ha finalizado y con ella el sombrero se ha resignado, se ha hartado de ayudarme aunque nunca lo he sentido realmente. Siempre he sentido que debía encontrarle y siempre ha estado ahí, solo observando mis fracasos y fracasando en mis ilusiones. ¡Dónde estás entonces, maldito sombreo inútil! No me ayudas, solo me reprochas mis errores. Entonces no eres lo verdadero, solo eres un sueño como el resto de este mundo maravilloso. Debo dejar de buscar sombreros salvadores, debo decidir por mí la solución del país de las maravillas. Sé que sería más fácil salir, cruzar de nuevo el espejo mágico. De la nada empiezan a brotar lágrimas, pero no vienen de mis pupilas, sino de los ojos de cristal que acogí en mi vida. el espacio llano se inunda de lágrimas y cubre mi esperanza. Así fue cómo morí en un mar de lágrimas.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Siete comienzos (Dani G)

Un, dos, tres... ¡YA! La carrera se me hizo muy corta. Cierto es que eso de acumular tanta tensión y gastarla en tan poco tiempo acaba por destrozar a uno y dejarlo KO. Como diría Carmencita, nada se consigue sin esfuerzo, claro que mi esfuerzo es más bien nulo, teniendo en cuenta que podría fulminarla con la mirada y sólo dejar cenizas, entonces desaparecería con tan sólo la fuerza del chasquido de mis dedos, para que nadie supiera quién había sido.
Mis padres me revelaron mis poderes hacía tan solo un mes, cuando desperté una vez más junto al perro de la vecina. Entonces se hizo evidente que no era un niño normal y mis padres tuvieron que confesar: que si "no te lo dijimos para protegerte", que "si queríamos que fueras normal"... Una mierda, lo que pasaba era que el colegio de magos costaba una pasta. Pero en fin, no se lo tengo en cuenta. Pronto descubrí que mis poderes no se materializaban en estrellitas o polvos mágicos, qué va, mis manos segregaban humo, humo azul. Mi padre me lo mostró un día. Un, dos, tres y zas, desapareció dejando una estela de humo azul celeste que impregnó de un embriagador olor a incienso la sala. Perfecto, ahora cada vez que usara mis poderes olería a tienda de ocultismo. Ya entiendo por qué en el colegio me llamaban Ambi puro. Espantaré a todo el instituto y seré un marginado social.
Sinceramente, mis padres no me querían. ¿No podía el mundo mágico haber elegido otro olor o, sencillamente, que no huela? Qué manía tienen los magos porque todo sea oloroso, en el colegio de magos huele hasta la tapa del inodoro. Y también hay un encabezonamiento con los colores. Dios, yo no he visto un instituto más hortera que el mágico, que hoy rosa por los ponis mágicos, que si hoy celeste por las sirenas... ¿No hay ningún ser mágino que tenga el color negro? Y por no mencionar la manía de que todo tenga que hablar. Voy al baño, me habla el lavabo, voy al jardín, me habla el árbol, voy al comedor, y me habla la comida. ¿Acaso hay algo que no hable? Claro, así luego me da pena comerme la comida y me muero de hambre. Que sí, que los poderes y eso es muy bonito, pero en un mes, estoy hasta las narices.
La guinda de la tarta lo puso mi nuevo despertador mágico, cuando por la mañana temprano...
-Un, dos, tres: ¡despierta! -me susurró al oído.