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lunes, 30 de marzo de 2009

Cuéntame cómo la vida va surcando tus silencios, susúrrame los secretos que nunca tuvieron sentido alguno, relátame las mil historias de momentos que nunca ocurrieron, y que, sin embargo… habrían sido tan bellos.

Créeme cuando prometo no entenderte, no inquirirte, no pensarte y no olvidarte.

Miénteme diciendo que la vida es primavera, que los cerezos en flor marchitarán para nacer de nuevo.

Háblame de la lluvia cuando repta los tejados, cuando mancha gota a gota las arenas de un camino que nunca tuvo rumbo.

Llévame muy lejos, donde no duela la sangre, donde cada abrazo roto se reencuentre con su ausencia, donde no haya una última parada para el tranvía llamado deseo, donde los minutos no encadenen y las vidas no se midan por minutos.

Suéñame al contarme lo que ronda tus sentidos, lo que mata tus palabras, lo que no me deja verte. La clase de emociones que desbordan lo que no eres capaz de expresar ni de entender ni de sentir.

Escóndeme de mundos tan tangibles que asesinan los deseos, de ese séptimo cielo del que todos hablan y nadie conoce, de todo lo que hacen por mi bien y me mata lentamente.

Mátame en el juego del ahorcado, reinventando las palabras que perdieron su sentido. Mátame porque, si los muertos van deprisa, más deprisa pasa el tiempo y más molesta es la existencia.

Explícame por qué todos dan la bienvenida a lugares que no existen: bienvenido al norte, que es el sur de algún lugar; bienvenido a la vida que será la muerte de otro mundo; bienvenido al cielo que también será el infierno, un hotel para los perros, una vida sin silencios.

Róbame momentos al hablarme sin palabras de tu propio mundo interno, que quizá no sea distinto pero sientes diferente.

Permíteme abrazarte cada vez que sientas miedo, cuando el cielo se te rompa y cuando quieras escapar de las verdades absolutas que te imponen y no entiendes, cuando te demuestren que tus sueños son etéreos con mil promesas rotas y eternas despedidas.

Enséñame tus ganas de volar siempre más lejos, de querer batir las alas y escapar de la rutina, de los muros y cadenas que te matan desde dentro.

Prométeme que nunca dejarás que te encadenen, que te labren el sendero, que te pidan que no sueñes, que te roben las palabras y que eclipsen tus silencios, que te obliguen a ser lo que no eres para hacerte creer que no eres nada.




Para ti, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya…