martes, 28 de febrero de 2012

En colaboración con el Taller de Teatro


Por primera vez, y esperemos que no sea la última, teatro y escritura se dan la mano en el Montse. 
Paso a copiar los rasgos de los personajes sobre los que hemos de hacer los monólogos. (Hay varios archivos que no puedo abrir, Candela. A ver si tú puedes recuperarlos para mañana).


Frank Smidth (Candela Díaz)

Frank Smidth es un hombre de media edad quevive en el ático del último número de la pequeña y típica calle de BerlínGörlitzer Strasse, que está cogiendo el Metro en Postdammer Platz en direcciónGörlitzer Tor. La calle es muy agradable y silenciosa en horario escolar, yfamiliar e infantil cuando los niños salen de la escuela y van al parquecitoque hay al final de la calle.
 AFrank la vida le ha decepcionado lo suficiente como para sentirse seguro en surutina. Una rutina tranquila y agradable, y amena para él. La rutina delevantarse todos los días entre las nueve y las diez de la mañana, peinarse lojusto, vestirse y bajar a la panadería-pastelería de la acera de en frente a laque va desde niño. Todos los días le compra a la anciana y amable tendera unaRuffini grande de arándanos azules. Sube a su casa, desayuna un café con lechey su magdalena, y cuando termina, saca del cajón de su mesa del despacho sumoleskine de media cuartilla llena de dibujos y pinturas. Antes de ponerse apintar le gusta mirar todos sus trabajos recordando los momentos en los que loshacía. Tras comprobar que no tiene ninguno sin terminar, empieza uno nuevo.
 A lahora de la comida, deja el cuadernito abierto sobre la cómoda de su salón, y vaa la cocina a hacer la comida. Suele comer chukrut, salchichas alemanas y puréde patatas.
Su día suele pasar tranquilo, con la radiode fondo, y los ladridos de los perros en el parque.
 Cuando termina su siesta, si hace buen tiempo,le gusta coger el Metro y pasear por la ciudad hasta el Tiergarten.
 Frank es un hombre solitario y tímido, pero sialguna persona le habla, es muy amable.
Es un tipo ni muy alto ni muy bajo, nigordo ni delgado. Tuvo el pelo muy negro, pero empieza a encanecer y a teneralgunas entradas. Tiene ya algunas arrugas, pero un rostro agradable, y cuandosonríe, las menos de las más, tiene una sonrisa muy bonita que le hace unoscuantos años más joven.



Manolo el del taxi. (Silvia Otegui)

 Manolo es un hombre de unos cincuenta años. Tieneuna cara simpática y una voz grave. Manolo es calvo y tiene una considerablebarriga cervecera debido a sus tardes enteras en la barra del bar de su amigoTomás. Suele llevar camisa de cuadros y pantalón de pana beige. No se pierdenun solo partido sea de quien sea, y siempre les acompañan a sus amigos del bary a él unas cañas, patatas fritas y cortezas.
 Aunque él es taxista, no está muy cotizado ensu oficio ya que vive en un pueblo de no más de 3 km cuadrados. Lo cualtambién le da una excusa para su mujer, porque puede decirle que no encuentramuchos clientes.
 Vivecon su mujer Dolores, aunque él la llama cariñosamente Lola. Ella se queja deque no le hace caso y de que se pasa el día en el bar con Tomás. Manolo siempreconsigue arreglar la situación con su mujer gracias al cariño que ha sidoacumulado por todo el tiempo que se lo ha dado.
Manolo no es muy cariñoso, y Lola se loreprocha, pero en el fondo sabe que la quiere mucho.


Paloma Sainz (Nuria Cabez)

Tiene cincuenta y cinco años, aunque elladice no haber pasado de los cincuenta. Mide 1’70.
Su color natural de pelo es castaño oscuro,pero desde los quince años se lo tiñe de rubio. Lo lleva largo, por la alturadel pecho, intenta darle un toque juvenil, con peinados muy sofisticados, perono le sirven de mucho, ya que lo tiene viejo y quemado de tantos tratamientosque se ha hecho.
Paloma es hija única. Viene de una familiaacomodada, en la que la sobreprotegieron y la hicieron caprichosa, con la buenaintención de darle lo mejor, ya que la vida de sus padres había sido dura en sujuventud. Paloma creció y vivió hasta los veinticuatro años en la casa delcentro de Madrid de sus padres. Fue a un colegio de monjas. Siempre se habíadejado llevar por la moda e intentaba hacer sus propios diseños, así que a losdieciocho sus padres contrataron una costurera para ella y empezó a diseñarpara amigos y conocidos de sus padres. A esa edad, empezó a salir con RicardoRamírez, que fue el hombre que le pidió matrimonio y se casaron a losveinticuatro años. Entonces se mudaron a un chalet en las Rozas, enorme, conmuchísimos jardines, una fuente en la entrada, una piscina por detrás. Ricardo,como era arquitecto, le diseñó una sala para que siguiera con su negocio.
Ahora lleva una rutina muy tranquila,extrañamente llega a salir de ella. Ya lleva veinticinco años con su modistería.Suelen venir clientes comunes con su marido, que es el que les suele recomendara su mujer. Suele trabajar por las mañanas y algún día a la semana lleva susdiseños a las costureras. Esa misma tarde, va su marido a recoger los trajes. Ylos sábados y domingos organiza brunchs  en sus jardines, a los que suelen acudir susamigas del alma. Se pasan la tarde marujeando sobre los fracasos de las“amigas” de la carrera.


SteveMc Pollock. (Bonelli)

Nacidoen un bar de Texas (sobre la mesa de billar), hijo de una stripper retirada yde un “amigo” suyo, nunca habla de sus orígenes, pero está orgulloso de sulugar de origen (Texas).  Debido a ladura vida de su madre, fue criado por su tía Dorothy que le inculcó los típicosvalores conservadores de una mujer sureña como ella. Esos valores desembocaronen una conducta misógina y racista que utilizaba para expulsar toda su rabiareprimida. Tiene adicción al alcohol, tabaco y de vez en cuando los combina conantidepresivos obteniendo un alter ego llorón y triste que se arrepiente de lavida que lleva.
Cuandosu madre murió (sobredosis en el motel Winky Peach), Steve entendió que deberíahacer algo con su vida, así que con los ahorros heredados (bastantes, debido aque el “amigo” había pagado una manutención que su madre nunca le dio) decidióviajar a Bangkok para establecer allí una franquicia del bar de stripteasedonde nació y creció (lo que incrementó en parte su racismo al convertirse enpadre ilegítimo de varias de sus bailarinas asiáticas).
Nueveaños después, se mudó a Las Vegas para retirarse definitivamente y con lafortuna que había amasado pudo comprar una buena mansión y atraer a una mujerdecente (que le dejó a los dos años, terminando con su quinto matrimonio).
Suedad actual es 48 años, pero siempre dice tener 38 lo cual camufla sobremaneracon un peluquín color castaño, similar a 2 ardillas muertas. 


jueves, 23 de febrero de 2012

La melodramática indigestión de la vida -


                           La cama está vacía con una única persona. El sol se irradia desde la ventana. La vida pasa lenta. El péndulo está roto y la tierra inclinada. El abismo es grande y el océano espeso. Se revuelve ella entre las sábanas. Arrancándole recuerdos a la sal. El suelo se abre y corre la estampida. Cesa el tañido. Nace la mañana. Ella despierta. Ella abre los ojos. Ella sueña que navega. Cuando sólo cae. Extiende los brazos como una vela. Se arranca del pecho el nombre. Lo tira por la borda. Pierde el norte. La cama está vacía con una única persona. La sábana blanca la envuelve. Su peso la arrastra. Su cuerpo se desvanece. Su corazón se desgarra. Cae lentamente. Atraída por la gravedad. El universo en verso se derrama. Por ese borde entre la realidad. Se agarra a la almohada. Pero las nubes ya no están. En esa cama... sólo habita la soledad.
                                                                                               Una onda sobre el mar. Un océano de fuego. Un grito sordo. Una estampida calle arriba. Una caída vacío abajo. Una persona exhalando. Un suspiro muriendo. Una nube negra. Una nube rota. Electricidad. Muerte y muerte. Sin parar. Olvido. Tierra trágate. Una sombra sobre el mundo. Una onda sobre el mar. Un océano de fuego. El intento de salvar. La nada. El mar. La nada. La nada. La nada.

                                                       El mundo en tus ojos mientras te pierdo.

                              El mundo en tus ojos mientras se va.

                                                                             El mundo.

                                                                                       Tus dedos.

                                                              Las ganas de saltar.

La oración simple: Definición de Simun

El bosque Jun inunda la zona occidental del continente. Sobre las copas de los árboles crece una cúpula inmensa. La cúpula es el hogar de los Simun. Los Simun siempre se organizan en colonias-cúpulas. Estas ciudades a pequeña escala están repartidas por todo el bosque. Los Simun forman comunidades auto-protectoras.
Ellos son los descendientes de nuestra civilización. Primero el orden. Segundo el caos. Ahora el orden. Los dinosaurios se extinguieron. Los homínidos se extinguieron. Ellos se extinguirán.
Los Simun son seres nocturnos. Los Simun son herbívoros. Ellos acumulan materia orgánica durante la noche. Por el día descansan en el interior de sus cúpulas. Durante el descanso transforman la materia orgánica en energía. En el centro de cada cúpula varias enormes burbujas azul eléctrico acumulan esta energía.
Las cúpulas las fabrican con madera de los árboles. La superficie externa es recubierta por un gel. Este gel es segregado por ellos mismos. Con el gel protegen la madera de las precipitaciones y los cambios de temperatura.
No mueren. En sus orígenes se han reproducido con la energía.

Detalles.



Nuestro amor mirando,
por la ventana hacia la ciudad.

Detalles y letras
de canciones.
Tus dedos en mi cintura,
tus versos en el cuello,
el amor en la penumbra.

Detalles y destellos
de colores.
Tus ojos en mi boca,
tus letras en mis dedos,
la nostalgia en las teclas
de esta terrible ansiedad.

Detalles y sonidos
de discos por sonar.
Dolor sobre la piel,
lágrimas y sal,
escondida entre las sábanas
espero a acabar el día.
Y el día, sólo acaba de empezar.

Tus zapatos en la puerta,
las ganas de gritar,
derribar las paredes y correr,
esperar
te, a la orilla del mar.

Quizá estés,
quizá los detalles regresen,
quizá,
a esta orilla del mar.
Tu amor en el alfeizar
y los deseos de saltar.

Detalles,
y mi forma de bailar,
detalles,
y tu forma de soñar.

Tu amor sobre el alfeizar
y mi caída al saltar.

Detalles, detalles, detalles
                                y nuestra forma de olvidar.                                  

martes, 21 de febrero de 2012

Pensamiento pentagramado


Deja de respirar. Deja de latir. Deja de pensar. Deja de escuchar mi voz en tu cabeza.
Deja de parpadear. Deja de tragar. Deja de mirar. Deja de sentir lo que tienes a tu alrededor.
Para mí es igual de imposible dejar de pensar en clave de sol. Las notas vienen a mí y se ordenan en el pentagrama de mi cabeza. Tengo que traducir las melodías a palabras, para que ellos las entiendan; para que comprendan qué pienso, qué siento. Las palabras se quedan cortas, no son suficientes.
Llega de pronto la música a mi mente, en ocasiones mansa como aguas tranquilas de un arroyo, pero otras veces se desata en mí como una tormenta, en borbotones imparables, inabarcables de olas de notas que me arrollan. Sí, la música me ataca con sus punzantes acordes y sus fieros arpegios. Me toma, me mece a placer, y yo no puedo hacer más que ponerme a escribir con frenesí donde sea, para que esa música pueda salir de mí, para desinflar el globo en el que me convierto.
Pero claro, ellos no comprenden. No entienden nada. No son capaces de sentir apenas un ápice de lo que yo siento. Esos torrentes de música son inalcanzables para ellos, que en su pobreza se limitan a lo meramente superficial. Sí. Les incomoda observar que alguien esté dentro de su obra. No pueden escuchar una composición que soy yo, que yo soy la música, que yo... ¿No lo dije? Las palabras son insuficientes. Es por eso por lo que no gusto. Porque estoy dentro de la música, y la música está dentro de mí. Porque nos fundimos en un cuerpo. Porque somos sólo un alma, un alma viva, que siente, que rompe, que hace que salten astillas. Todos ellos quieren escuchar una muy educada y melosa composición fruto del dinero. Una obra en la que el supuestro "músico" no ha dejado su esencia. Ahí está el riesgo: en que no son las notas, es tu alma la que se expone al público.
Se horrorizan al ver el La que ha tocado mi meñique reducido a una tecla suelta y una cuerda rota dentro del piano. Pero es ésa la verdadera música: la música pasional, la música torrencial, la música visceral, que duele en la cabeza por su intensidad y que transcrita al papel resulta arrolladora y temible. Es una diosa a la que poseo, y cuya sierva soy. Me tiene. Me pertenece y la pertenezco. Estoy a su merced.
¿Deliro? Eso es lo que piensan muchos. Quizá. Quién sabe. ¿Quién es tan osado de asegurar que no está loco?
Pero yo en igual medida que venero a la música, la temo. Siento pavor a caer presa de su encanto, a ser ahogada por su tormenta, a ser arrollada por su violencia.
Aún así, a pesar de temerla pavorosamente, no puedo dejar de pensar en clave de sol.

La oración simple...


 ...corta, rotunda. Y el verbo en 3ª persona.
No hay más requisitos.



Hermana

Nunca te he dicho cuánto llego a añorarte,
porque me falta la voz, las palabras no bastan.
Muy bien, vete, vive tu maldito destino,
entrégate a quienes no te merecen
hasta que de ti no quede más que nada.
Pero recuerda, hermana, que te espero;
que un día, recuerda, prometiste volver a casa.
Sé que no te alcanza mi voz cansada,
que nos falla la distancia,
pero aun así te hablo, te mando mis ganas,
no se te ocurra desfallecer y volver agotada.
Vuelve llena de ilusión y fuerza,
como te fuiste. Vuelve plena de vida,
Laura.