jueves, 15 de abril de 2010

el mal sueño del espejo


Qué pesadilla más espantosa había tenido. Mullí bien mi almohada. Mira que hay pesadillas tontas, pero tan estúpidas….Anda que soñar que me había convertido en un……………………………………

A la mañana siguiente desperté con un extraño vaivén.

-¿Qué narices pasa?- Me preguntaba una y otra vez, pero no alcanzaba a situarme. Me sentía como cuando tienes fiebre y te das cuenta de que no te duele una cosa sino que te duele todo el cuerpo.

Estiré mis brazos entumecidos, espera ¿y mis brazos? Intenté desviar pensamientos como: -¡Madre mía que me abre tomado! ...Porque no había tomado nada.

El vaivén paró y cuando abrí los ojos completamente solo veía un pasillo, un laaaargo pasillo. Miré hacia abajo ¿Pero que demonios?

¡No tengo cuerpo! Esto son alucinaciones! ¡No puedo moverme!
-En vez de ponerme histérica, me mosqueé bastante. Unos hombres, los que me habían dejado allí se quedaron mirándome.

-Bill, esto ya está, ale, ale, vámonos-dijo el hombre.

-¡Señor, señor! –grité pero…no me oía, ni yo tampoco, solo escuchaba mis palabras en mi mente.

Un niño pequeñito corría veloz por el pasillo. Se percató de que estaba allí y se acercó.

-¡Niño! Niño ¿Puedes llamar a alguien? ¡Creo que estoy enferma!- Pero nada, no parecía que me escuchase. Se situó enfrente mía y… pero será ¡cochino!
Comenzó a hacerme muecas, me sacó la lengua, me brindó el honor de conocer su cavidad bucal y después de hurgarse la nariz, sonriéndome, se fue dando saltitos.

Una señora, muy bien vestida vino hacia mí directamente.

-¡Oiga! Disculpe. Esta tambien está también sorda-pensaba yo.
Me miró fijamente, mientras ella se retocaba su peinado, yo contaba sus pecas y arrugas. ¿Qué queréis que haga? ¡Ya llevo mucho tiempo aquí!

La señora no tardó en irse. Yo estaba ya muy enfadada, ¿Qué era esto? ¿Una cámara oculta? ¿Día de los inocentes? ¿Me estaban haciendo el vacío aquellos desconocidos?

Otra mujer acudió a mí. Esta, parece maja, al menos es más mona que la señorona tonta.

-Dime espejito ¿Quién es la más guapa de todo el reino?

- (O.O) ¿Espejito?!¿Cómo espejito? ! Pero ¿qué dices? No puede ser….¡No puede ser!....¡No! no puedo ser un espejo!

La mujer se quedó expectante y volvió a hablar.
-Venga, dímelo.

-Eh esto…siii claro….Eres la más guapa del reiiino-Le contesté dándole la razón como a los locos.

En ese instante el mismo vaivén me volvió a sacudir. Abrí los ojos como platos.

-Vamos mujer que vas a llegar tarde….que mala cara tienes –Me dijo mi madre-
-¿Queee?- alcancé a decir yo.
-Mírate en el espejo, ya verás. Contestó ella sin darle tampoco mucha importancia.

¡Ni de broma, mamá! ¡Paso!

martes, 13 de abril de 2010

Verde Fluorescente

Un segundo. Muerte, vida, caos, orden, millones de estímulos eléctricos al mismo tiempo. Miles de toneladas de hierro fundiéndose, cientos de miles de gotas de agua cayendo a la vez. Millones de personas diciendo la misma palabra. Millones de personas respirando. Y entre tanta simultanead mis pulmones se oxidan y se convierten en carbón por todo el humo que millones y millones de tubos de escape expulsan hasta quedar exhaustos. Mi piel se deshace cuando sin querer me veo sumergido en sus lágrimas. Y mi corazón rechaza las transfusiones de sangre de las nubes, que cansadas de ver a vista de pájaro se olvidan de dar sombra. Y yo pensando que entre todas esas fuentes de los deseos donde me dejé mis ahorros entre sus aguas, naufraga alguien menos afortunado que yo. Alguien que no vio tu sonrisa colarse entre mis párrafos y desbaratar salas de estar. Alguien que no vio que si hacía sol era para que tú sombra mirara directamente al cielo. Alguien que no supo comprender que era tu voz la que me hacía coger un bolígrafo y desangrarme lentamente.

Cojo un bolígrafo y desparramo las letras por folios, por mi habitación. Letras que toman formas distintas y algunas huyen, otras gritan, otras ríen, otras lloran. Letras que se unen y me destrozan, letras que me hacen sangrar por dentro, respirar humo, beber azufre. Letras que se unen y me miran a los ojos y yo no aguanto su mirada. Como el Doctor Frankenstein creando a un monstruo, como un niño pequeño histérico por haber roto un jarrón, como los instantes previos a lanzar la bomba atómica. Cojo un bolígrafo y comienza la tormenta, un nuevo huracán que asola mi mesa, mil ideas irrealizables, algún que otro sueño, algún que otro espejismo que prometía algo sin largo, ni ancho, ni alto. Algún que otro montón de lágrimas con forma de palabras de cristal y pétalos negros. Cojo un bolígrafo y al otro lado de mi hombro un angelito me pide que deje de pensar, que luego los hilos de mi pensamiento siempre se acaban enredando con tu pelo, me pide que pare de moverme, que luego siempre tropiezo con tus zapatos de tacón. Y en el otro hombro, un diablito sin ganas de jugar ni de sentir, me dice que dé de comer al gato y me deje de tonterías, que limpie los platos y friegue mis continuas dudas, que barra la cantidad de pelusas y colillas que hay en mis pulmones, que me tatúe el cuerpo entero espirales y sueños, paisajes y dolor.

Me tatúo en un costado la palabra soledad, seguida del dibujo de un paraguas. Que en estos días lluviosos y traviesos mojarse implica morir de sobredosis. Y luego, me miro al espejo con los parpados pegados con celo para no ver ese amasijo de metal oxidado y disconforme, inútil y dolorosamente apagado. Y apago la luz para no quedarme a oscuras con tus manías, y quemo mis ventanas para que sea más peligrosa la huida. Agazapado entre el bien y el mal no distingo ni siquiera lo más nítido. Y el sonido de los aplausos me hace daño en los oídos, y los ríos de tristeza que están plagados de ranas me dañan en las retinas, de nuevo. Como siempre, trazando planes para conquistar tus costillas y tus manos. Como siempre, perdido entre la selva de tus sabanas, entre los leones de tu cómoda, entre las ochocientas columnas jónicas colocadas al azar que me impiden el paso a tu garganta. Y vuelvo a temblar, como tiemblan las ganas de morir cuando baila con la última gota de vida, cuando te observo y tú me observas, y entonces, empiezan los tiroteos en mi mente, y los fuegos artificiales en el centro de la Tierra. Y pienso, en la escarcha que me cubre desde las corneas hasta donde alcanza la vista cuando me abandonas sin decirme que me odias, sin invitarme a soñar pero aún así soñando contigo. Y gritando al mundo que hoy he decidido ser distinto, el mundo me contesta que tú estás cansada de esa maldita señal de stop que sonríe y mira furiosa enseñando los dientes. Me dice que no paras de girar en esta borrachera de luces y defectos, de tumores cerebrales y ansías de poder, de palabras mal dichas y de balas gastadas sin querer apuntar bien.

No paras de girar y de gritar verde fluorescente. No dejas en paz a las preguntas que no tienen respuesta, no dejas de tirar poemas a otra parte. A otra parte donde se amontona la chatarra y los objetos perdidos, trozos de corazones y mis ganas de morir entre tus brazos. No paras quieta en esta cuerda floja que no resiste las inclemencias del tiempo. No deseas más que desear en paz. No muerdes más que el polvo, más que el vapor del agua y las cenizas que desprenden las pestañas de los ojos. Te bañas en la saliva que escupe la tristeza, y se sumerge en ese líquido inflamable y vírico que no se sabe si es peor que se expanda o se condense. Te miras en las legañas de las letras chinas y solo ves una mansión abandonada donde las paredes se resquebrajan, donde los muros de carga no aguantan más penas, donde el mobiliario no resiste más espesas telas de araña que no hacen más que crear desperfectos y contusiones, rabietas y ataques por sorpresa. Y yo, me confundo entre tanto mueble de cartón, me confundo con esta brújula que sólo quiere señalar al norte, me confundo con este gato negro que va rompiendo espejos y lanzando besos, me confundo con estos nervios a flor de piel que me mantienen pegado al techo. Y mirando mi reflejo en el agua mientras la ciudad arde y se derrite surge el pensamiento de que me da igual de donde hayas brotado, que me da igual de donde hayas aprendido a confeccionar mascaras, que sólo importa un segundo contigo. Y luego el siguiente.

Complejo de Samsa


Se trata de escribir un texto corto en el que describamos qué haríamos si un día, al despertar, nos viéramos convertidos en otro ser.

domingo, 11 de abril de 2010

GULA

Me como la cabeza, una y otra vez, con ansia y sin modales. Pido repetir, quiero reventar, quiero mancharme la camisa de vida. Quiero mellar el tenedor y el cuchillo, acabar con mi cerebro poco a poco saboreando cada cucharada de información.
Cada amargo recuerdo en un vaso que me corte los labios con su borde afilado con limón y sal.
Y que me duela la sangre y me sacie el dolor y me estallen las sienes y la nuca de rebañar los bordes.
Y de postre mojar trozos desgarrados de lengua en las cuencas de mis ojos hasta que todas las dulces miradas guardadas en mis retinas me maten de hiperglucemia y me quede ciego para siempre porque no haya nada que ver.

Me como la Luna, día a día, lentamente. Y la veo agonizando y pidiendo piedad con su luz durante toda la noche hasta que la guardo en mi caja de cielo por la mañana y echo mi candado de Sol y la muevo para ver a que suena.

Me como la Luna, día a día, fase a fase hasta que es Luna nueva y me voy a dormir con sobredosis de cielo vacío y tengo pesadillas de cielo con estrellas siendo fugaces. Y me despierto y salgo a la superfície de mi mar de almohada sin peces pero con sudor y lágrimas. Y me hago el muerto a la deriva y las arcadas me ahorcan en plaza pública y el baño del horizonte no para de correr cuando nado mar a dentro y decido vomitar en cualquier esfera celeste o verde o negra o morada. Y todo se llena de vía láctea en un segundo y las paredes se ensucian de pena y la fregona ha decidido hacerse escoba de bruja y se ha marchado a la cola del paro, pues ya no queda magia. Y la garganta me sabe a estómago y a PH 1,5 y el estómago me sabe a mierda y hace mucho frío. Y decido subir los grados y vacío las botellas y se llena la bañera de vodzka y hago burbujas en el fondo a ver si el alma escuece de una vez y me siento vivo y ardo y cicatriza el orgullo que hay desparramado entre las cuchillas de afeitar.

Dejo mi piel secándose en la azotea a la luz de los aviones. Desabrocho los botones de mi esternón y abro una a una mis costillas y pongo los pulmones en la ventana a ver si toman aire de una vez. Los planto en una maceta de colores y germinan con la lluvia y llenan mi fachada de verde y de suspiros en primavera y de cortes de respiración en verano y de caladas en otoño y de tos en invierno.
Y guardo mi hígado en la botella de absenta para que me la vuelva a llenar de alucinaciones.

Y ahora estoy desnudo sin piel ni huesos, que me hice una escalera con los que me quedaban para sentarme en el tejado de las nubes y después los tiré para hacer llover algo de frío.

Estoy desnudo, sentado en el tejado sin piel ni huesos ni respiración ni hígado. Y no me queda estómago ni pizca de cerebro, ni recuerdos ni pensamientos ni miradas ni nevera que vaciar.

Sólo me queda un corazón, un corazón lleno de latidos de granos de arena que me quitan Tic-Tacs de vida a cada instante. Un corazón lleno de dudas y del resto de las penas que no eché con la raba y del amor que no di o no pude dar o del que me dieron y guardé en el trastero del ventrículo izquierdo. Un corazón lleno de espalda y de labios y de deseos de pestañas negras y de pelo revuelto por el viento, por dedos y por risas.

Sólo me queda corazón y mucha hambre y mi cubertería de palabras de plata para devorarlo hasta que sólo quede nada y pueda volver a soñar con un nuevo folio que comerse con los ojos.

martes, 6 de abril de 2010

Varias consignas

Este miércoles vamos a escribir un relato sobre el tema que queramos, pero es casi lo único que podremos escoger. Porque –aquí vienen las consignas- nuestro escrito tiene que:

  • Tener un final feliz
  • Estar escrito en primera persona
  • Localizado en la actualidad
  • En una fábrica de las afueras de Madrid
  • Incluir una parte de diálogo.

Eso es todo. A por ello.

lunes, 5 de abril de 2010

Morir en un mar de dudas

Texto de Dani G. sobre "La naturaleza en sentido metafórico"

Atravieso el espejo sin percepción alguna de la realidad, no sé dónde estoy, no sé dónde iré, solo soy impulsado por lo que nunca seré. La oscuridad cubre mi honrada pupila llenando mi mente de horribles mentiras. ¡Oh eterna oscuridad maldita! Sí, tú, la que cubres el efímero día, la que nunca termina donde reside tu poder seductor que nubla mi vista. Tú, la que hundes la esperanza humana, la que vuelve débil mi mirada. Quizá soy demasiado débil para afrontar la realidad, quizá debo huir de este mundo imaginario, pero entonces la oscuridad vencería y ya solo quedaría la nada. Por ello debo avanzar, recordar la valentía de los autores, acogiendo sus ojos de cristal y vislumbrar por ellos la verdad. Debo buscar mi evasión ahora que puedo soñarlo, un conejo, un reloj mágico, pues soy yo quien dirige este mundo chiflado. Entonces se alza el castillo blanco, el que suspira entre la nieve, sin darse cuenta de lo que siente, una dama blanca, como quieras llamarla, yo solo busco un sombrero que me indique la mañana helada como una alicia en el país de las maravillas que casi muere ahogada por sus propias lágrimas. Pero yo no quiero llorar, solo lamento no haber luchado antes, no haberme enfrentado a lo inquietante, haber reaccionado sin sombrero, aunque ahora tampoco lo tengo.
La fiesta del Té aparece en el aire, de absoluto imprevisto, sin preceder una sola lágrima volátil. Desafío la gravedad y escalo el cielo eterno en busca de mi sombrero. Sin embargo la historia se repite de nuevo en una cinta infinita. Solo la liebre me espera en la cita y no parece dispuesta a sugerir que viva, solo me mira, rogando que me rinda. Ya no lo resisto, pego un grito y todo muere en la nada del olvido.
La fiesta ha finalizado y con ella el sombrero se ha resignado, se ha hartado de ayudarme aunque nunca lo he sentido realmente. Siempre he sentido que debía encontrarle y siempre ha estado ahí, solo observando mis fracasos y fracasando en mis ilusiones. ¡Dónde estás entonces, maldito sombreo inútil! No me ayudas, solo me reprochas mis errores. Entonces no eres lo verdadero, solo eres un sueño como el resto de este mundo maravilloso. Debo dejar de buscar sombreros salvadores, debo decidir por mí la solución del país de las maravillas. Sé que sería más fácil salir, cruzar de nuevo el espejo mágico. De la nada empiezan a brotar lágrimas, pero no vienen de mis pupilas, sino de los ojos de cristal que acogí en mi vida. el espacio llano se inunda de lágrimas y cubre mi esperanza. Así fue cómo morí en un mar de lágrimas.

O...

Otro día con sol, con luna y con estrellas que brillan y parpadean sin enterarse de lo que ocurre alrededor, como si no supieran que por mucho que iluminen el universo va a seguir oscuro, tan oscuro que ni los búhos ven. Otro día plagado de gritos y plantas marchitas, de pánico y fobia a los espacios pequeños. Otro día que me intento esconder en tu buhardilla. En esa buhardilla donde el odio se mezcla con miel, donde la muerte se olvida de dormir y la vida se autolesiona mientras sonríe embobada, donde el dolor se confunde con signos de exclamación y tu saliva con tequila. Una buhardilla no apta para todas las edades, de esas que si entras sin querer a lo mejor te pierdes y no sales, como un laberinto en continuo cambio, sin pistas ni suerte. En esa buhardilla donde sé que estás pero no te veo, tan cerca pero irremediablemente lejos, como todo lo que está pero no está, como todo lo que creemos tener. Una ilusión, una confusión a largo plazo, otra de esas esquirlas metálicas que no duelen cuando cortan la piel pero que poco a poco se abren paso entre músculos, tendones y huesos. Sé que estás ahí, en alguna parte, entre todos esos abrigos de piel llenos de polvo, entre esa colección de fotografías en blanco y negro y medio quemadas de hace cincuenta años, entre esos colores tan apagados que ya no se encienden ni conectándolos a la corriente eléctrica, tan muertos de hambre que se comieron sus propios dientes.

Otro día con nubes, con soplidos de viento que se cuelan por las grietas de mi piel, otro día como el de ayer pero con un poquito menos de interés por saber el desenlace. Otro día, de esos en los que la suerte ya está echada y coger el coche no es un buen consejo. Otro momento de cólera y ceniza, otro momento en el que es mejor no estar despierto pero si listo para correr. Y entre calles y llaves que no abren, todo sigue siendo tan mortal como siempre, tan rápido y tan lento, tan extraño y complejo que es hasta fácil de entender. Todo sigue siendo tan mortal y tú con ganas de matar. Como matas con tu sonrisa si se entrecruza con una buena canción en el que los solos de bajo y guitarra son la energía que desprendes y la batería el ruido que haces al caminar. Ya ves, a falta de ritmo me refugio en tu saxofón plagado de salas de estar donde no para nadie quieto, plagado de lágrimas y calamares gigantes y risueños, plagado de columpios y parques llenos de sauces llorones. Ya ves, yo con mis pulmones bajo tierra y tú con tus pestañas camufladas en los rincones oscuros de los bares. Yo con mis ganas de causar incendios forestales y tu cansada de toda esa agua que cala tus zapatos rojos.

Otro día entre la espada y la pared sin saber muy bien que elegir. Otro día entre el suspense y el terror, y el continuo pensamiento de que cada vez que te veo sabes más de mí que yo. Con el continuo pensamiento de no saber qué hacer pudiendo hacer lo que quiera. Mala fortuna en esa moneda de dos caras. Tan mala fortuna que siempre apuesto a que sale cruz. Y ya ves, por lo menos si todo sale mal sigue habiendo sitio en tu buhardilla, donde se alojan los cuervos y las medusas, las letras vocales y alguna que otra consonante. Ya ves, repitiendo siempre el mismo error de dejarme caer en esos brazos que queman al contacto con la piel, en esos ojos que congelan, en esa estela de veneno que cubre tus sabanas, en esa estampida de abejas reina que no termina de acabar. Otra vez en tu buhardilla, como el ángel caído que no sale de la iglesia, como el gato callejero con frío en busca de hogar y comida, como todas esas decisiones que aplazamos aplicándole a lo que sea un aplastante y demoledor beneficio de la duda. Otra vez en tu buhardilla pero con ganas de salir corriendo, otra vez en tu buhardilla con las manos atadas y con la mente perdida entre los muebles viejos, entre los espejos rodeados de bombillas, entre todos esos botes de cristal que guardan corazones de necios sumergidos en formol, barajas de cartas marcadas, sueños y promesas escritas en papel, tu alma encerrada en una caja fuerte a prueba de trucos y palabras.

Otro día, otro día más.