-De entre todos los lugares John Andrews,
nunca pensé que te encontraría en un parque.
-Nunca has sabido leer bien a la gente, Anna.
-Puede, al menos nunca te supe leer a ti,
¿verdad?
-Sabía que estarías aquí.
-¿Qué?
-"La naturaleza, allí es donde nacen y
mueren todas las cosas."
-Estabas escuchando.
-Siempre.
-No siempre. No siempre... Dime, ¿qué haces
aquí?
- La pregunta correcta es, ¿qué haces tú
aquí?
-Pasear. ¿No te parece éste el día perfecto
para ello? El sol reluciente sobre el lago, las caras felices de la gente, con
sus sombreros de primavera, sus conversaciones banales, sus vidas estáticas dentro
de este maravilloso engranaje. Todos estos colores, el viento entre los
árboles. Las risas. La vida. Todo se mueve, pero a mí no me engaña. Nada se mueve. Sólo nosotros, aquí.
Parece un cuadro, ¿no crees?
-No lo hagas.
-¿Hacer qué?
-Simplemente no lo hagas. Regresa a casa. Tu
familia...
-¡Oh pero si todos están aquí! ¡Allí mismo! ¿No
te parece delicioso...? Me muero por ver sus caras. Un día memorable, idóneo. ¿Por
qué iba a quedarme en casa?
-¡Anna! Escúchame...
-Suéltame, John.
-Sé que no tengo derecho, pero...
-¡No! En efecto, no lo tienes. Hace mucho desde
la última vez que nos vimos, y apareces hoy, de entre todos los días que se
gastan y palidecen. Hoy, para aguarme la única fiesta en meses. No, en efecto
no tienes derecho alguno. Lo perdiste al echarte atrás, y de eso hace años
John. Déjalo estar.
-Anna...
-¿Qué? Guárdate tus ideas sobre el mundo,
sobre viajar y observar. Sobre pintar. Sobre vivir. Sobre amar. Sobre la
esperanza y el perdón. Olvídate de todo aquello que me enseñaste. A nosotros no
nos sirvió. Ni tampoco a mi hermana. No le sirvió a nadie. Estamos atrapados
aquí, en esta existencia marchita y áspera. Controlados por todos ellos, con su
ropa apretada, sin respiración. Con sus ojos cansados, sin miras, ni
horizontes, ni sueños. Con sus risas fútiles y sus historias banales y grises. ¿Seremos
así? Yo no. Intenté librarme, intenté respirar. Y sentí John. Y te quise. Pero todo eso se acabó.
Regresamos, y la vida que teníamos se
rompió en pedazos.
-¡Basta! ¡Lydia no querría esto!
-¡Está muerta!
¡No va a volver! Nunca debimos volver...
-No podemos cambiarlo. El pasado es pasado. Y
duele y hiere. Y nunca se olvida. Pero esto no cambiará nada, ni arreglará el
desastre del mundo. No es la solución.
-Nada lo es. No hay solución. Quizá dentro de
mucho tiempo, cuando yazca bajo un nombre, en la tierra, entre raíces y pétalos
de flores. Quizá entonces, la vida le habra paso a personas con un futuro. Pero
yo carezco de él. Han pasado años, ¡años John! y sigo aquí, atrapada por un
mundo que aborrezco y del que no puedo escapar.
-Ojalá pudiera escaparme contigo.
-Qué banalidad más ofensiva. Escapar. Querer.
Esperar... Tan sólo... prométeme que cuidarás de Claudia, te quiere, lo sé. Te
aprecia, más que a su padre. Cuando yo no esté, sé su estrella, guíala hacia el
norte. No le digas cuánto la quiero, ella lo sabe. Mírala, allí, jugando, envuelta en belleza, en inocencia, en
la única verdad que existe, en felicidad...
-¿Por qué dejarla entonces?
-Porque ya no siento John, soy tan triste
como la muerte que va a tomarme, y ella se merece ser feliz. Llámame una
cobarde, pero ya no puedo sostenerle la mirada. Sólo hay oscuridad.
-No... nos olvides.
-No me olvides tú a mí.
Y entonces Anna se disparó una bala en la
sien.
*
Y el cuadro quedó allí colgado, mucho tiempo
después, con aquella mujer en brazos de aquel hombre. Dibujados entre la
multitud del mundo, para la inmortalidad.
1 comentario:
Guauuu! ¡Qué duro!
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