viernes, 26 de febrero de 2010

Desde dentro del cuadro


Este texto colectivo, hecho entre cinco en el Taller el miércoles pasado, nos da una imagen de Picasso desconocida hasta ahora. Esperamos que os guste a los ausentes.

Ya me gustaría a mí encontrar otro trabajo que no fuera tan estresante. El señor este no me deja mover ni un músculo del cuerpo, nada, todo el tiempo quieta, quieta, sin pestañear. Y encima, luego veo lo que ha pintado y me llevo un corte… Ya me lo decía mi madre: “Hija, como no estudies, no harás carrera alguna de tu vida…”. Y aquí estoy, sacándome cuatro perras por 10 o 12 horas de trabajo. ¿Qué no es cansado estar tumbada con la cabeza apoyada en el brazo y sin moverse? Quien quiera saberlo, que lo pruebe.
Y claro, luego está el tema de mi imagen, a ver cómo voy yo por ahí diciendo que esa del cuadro soy yo. Porque claro, si al menos me pintara un poco más normal, pues bueno, vale; incluso aunque me hiciera un poco alargada o me pintara con tonos chillones. Pero esto, esto no tiene nombre. Mira que ponerme un ojo más grande que otro, la nariz torcida y las manos… ay qué manos, por Dios, cada una para un lado, como si me salieran de la cadera.
Y no os penséis que me deja descansar, qué va, yo quieta hasta que me indique el pintor y nada de parar para tomar algo de comer, qué narices, si me muevo un segundo “pierde la perspectiva”, según él; ya, claro, como si tuviera algo de eso, porque, claro, ponerme la nariz en la nuca es una perspectiva que te cagas…
Si tuviera dinero, yo le denunciaba, porque vale que no sea una bellísima señora, pero tan fea no soy…es que… ¡anda vamos! que mi hijo de tres años sabe dibujar mejor que el artistillo este. Bueno, al menos, es guapo.
Aisss…cómo me pica la nariz… a ver si no mira y me puedo rascar… El momento es… ¡ahora! ¡Mierda! Me ha pillado. Y la bronca que me ha echado… ¡Pero si ni siquiera me está pintando a mí! Está liadísimo con las hierbecillas esas de la ventana, que le están llevando más tiempo que el resto del cuadro. Pero, nada, que todo es importante en la composición, dice. Pues vale. Pero a mí ya me duele todo, y dejarme la salud y la imagen pública en este diván no es lo que tenía planeado cuando quise ser modelo. ¿Sabes qué te digo? ¡Ahí te quedas, Pablito!
─¿Dónde vas, Marie?─ me grita desde dentro cuando yo ya he empezado a bajar las costrosas escaleras del edificio donde este “pintor” tiene su estudio (un cuartucho de mala muerte) alquilado.
─¿Cómo que dónde voy?─ Por lo pronto, lejos de ti y a buscarme la vida por caminos más seguros y menos vergonzosos. Sé que si me quedo contigo, no tendré futuro. No eres más que un desgraciado que se ha venido con sus pinceles de Málaga a París y que aquí quiere ser famoso. ¡Cómo si eso estuviera la alcance de cualquiera! Mira, Pablito, guapo, para eso hay que ser un genio y tú estás a años luz, si lo sabré yo, que llevo observándote mucho más que tú a mí. Te miro y veo que das un brochazo para acá, otro para allá, como si no supieras cómo empezar a pintar. Para todo hay que saber, hay que estar preparado, que ya me lo decía mi madre. Y tú, hijo mío, ni lo uno ni lo otro. Y si no, al tiempo.
─Pero… ¡no te vayas! ¡no me dejes así, sin terminar al menos este cuadro!
─Este ¿qué? ¿cómo puedes llamar a esto “cuadro”? Anda y que te den; ahí te quedas, Pablo Ruiz Picasso, aprendiz de pintor.



lunes, 22 de febrero de 2010

Concurso

I CONCURSO DE RELATOS «AFA MONTSERRAT»


BASES:

  1. Están invitados a participar en este concurso de relatos todos los estamentos del Colegio: el alumnado y sus padres o madres, el profesorado y el personal no docente, tanto del Montserrat 1 como del Montserrat 2.
  2. El tema de las obras será de libre elección por cada uno de los autores.
  3. Los relatos presentados se clasificarán por categorías:
  1. Educación Infantil
  1. 1º y 2º de primaria
  2. 3º y 4º de primaria
  3. 5º y 6º de primaria
  4. 1º y 2º de la ESO
  5. 3º y 4º de la ESO
  6. 1º y 2º de Bachillerato
  7. Adultos
  1. La extensión máxima de los relatos será de diez páginas. La mínima, para cada categoría, será:

    A y B: una página (incluido un dibujo si el autor lo desea)

    C y D: dos páginas (incluido un dibujo si el autor lo desea)

      E, F, G y H: cuatro páginas

  1. El formato será: fuente Arial 12, sangría 1cm en primera línea, interlineado 1,5 líneas y márgenes 2,5 cm. Los autores de las categorías A y B podrán presentar sus relatos escritos a mano.
  2. Los originales deberán depositarse en el buzón del AFA y no incluirán ninguna firma ni clave identificativa. Grapado al relato se adjuntará un sobre cerrado que contendrá el nombre del autor y sus datos de contacto (en el caso del alumnado, bastará con acompañar al nombre con su curso y letra). En el exterior del sobre solamente figurará la letra de la categoría a la que pertenece el autor para poder clasificar su relato.
  3. El plazo de presentación de las obras finalizará a las 16 h del día 8 de abril de 2010.
  4. Se seleccionará un ganador por categoría. Cada uno de los ganadores recibirá como premio una tarjeta-regalo de 50,00 € de una librería a determinar (FNAC, Abac, Casa del Libro…).
  5. El jurado designado para la elección de los ganadores estará formado por al menos dos miembros de la Junta Directiva del AFA y cinco personas (o más) de libre designación por la JDAFA y podrán pertenecer o no al Colegio. La identidad del jurado se dará a conocer en el momento del fallo.
  6. El fallo del jurado se hará público el día 23 de abril (Día Internacional del Libro) en un acto en el que se leerán los relatos ganadores y se entregarán las tarjetas-regalo a sus autores.
  7. La participación en este concurso implica la aceptación de las presentes bases y las decisiones del jurado, que serán inapelables.
  8. La Junta Directiva del AFA se reserva el derecho a publicar, en cualquier soporte (papel, página web, etc.), los relatos ganadores.

domingo, 21 de febrero de 2010

Carta del mar (Marina)


Un, dos, tres y hasta cuatro semanas hace que no te escribo.

El viaje me lo impide y todavía queda un largo trecho por navegar.

El navío en el me encuentro es grande, sucio y ruinoso, pero a un marinero como yo, eso ya no le debería de importar .Por una lado quiero que el tiempo corra, como la furia del mar y me lleve a la guerra, por otro lado querría ser el capitán del barco, anular la misión y volver a tu lado.

Los días son muy duros y solo por la noche me llega la ansiada paz , con el silencio y la oscuridad de la noche, donde subo al castillo de proa y me asomo para buscar el horizonte y para recordarte…

Un, dos, tres…Y las primeras palabras que oigo en la mañana se reducen a:

-¡Despierta muchacho, que ya es hora, venga marinero de agua dulce, señorito piadoso!

Y comienzo, mi trabajo hizando velas, fregando o reparando algunas armas para el combate.

Te diré porqué:

Hace unas semanas fuimos desafiados por un atajo de piratas que huían de Inglaterra para no cumplir su condena. El viento no estaba a nuestro favor y su capitán nos abordó armado hasta los dientes, reclamando las mejores espadas, pistolas y por supuesto monedas de oro.

El orgullo de mis compañeros no se vería rebajado a ser insultados y robados por estos piratas de tres al cuarto, asique vencimos sanguinariamente al enemigo sin piedad, en nuestro propia barco, dejando al capitán como último para ejecutar.

Esa tarea me tocaba a mí y tu apareciste en mi mente como cada vez que estoy en peligro de muerte.

Me quedé ensimismado, tenía al pirata enfrente mío y….

Un, dos tres y ¡zás! desapareció ante mis ojos dejando una estela de humo azul celeste que impregnó el océano de un embriagador olor a incienso.

Y por esa torpeza mía , por mi incansable deseo de verte de nuevo , estoy castigado a cumplir las peores tareas de un marinero.

Cuando vuelva de la guerra, mi odiado viaje y el rencor de los marineros será cosa del olvido...

Y si muero , mi amada, siempre estaré contigo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Las pestañas, los pedazos y las alas

-Ando con la cabeza gacha, observando mis pies, contando las baldosas y sin tocar las líneas que las separan. Observo sus colores, sus brillos; no hay ni orden ni armonía alguna, es un caos de azulejos. Fichas de dominó que algún estúpido decidió colocar en fila formando una espiral para luego destruir su obra con la fuerza de un solo dedo.

Elegí el disfraz de abanico para protegerme, para cubrirme el rostro de las miradas de los que se encontraban a mi alrededor y que se clavaban con una brillante grapadora roja en mis mejillas y en mis párpados, impidiéndome ver. Lo elegí porque creí que se llevaría el calor a otra parte, dejándome la brisa que enjugaba las lágrimas. Pero en lugar de todo eso desató un vendaval que se llevó a sí mismo y me abandonó desnuda en medio de la fiesta, justo cuando paraba la música y las luces se encendían y los focos me apuntaban y la gente me señalaba y se reía.

El tornado me trajo la vergüenza y la desconfianza y me arrancó las pestañas y las desparramó por el suelo como un millón de jeringuillas que contenían la droga que yo necesitaba para matar la pena y el recuerdo; y que guardaban un millón de deseos que perdí.

Ahora ando con la cabeza gacha, observando mis pies y contando baldosas sin tocar las líneas que las separan.



Y busco mis pestañas entre el montón de piezas esmaltadas y así desear irme al fin del mundo de un soplido.







Se disfrazó de cubo de basura, era un bote de reciclaje, de varios colores clasificatorios: papel, envases, cristal, material orgánico,...Pero no era un cubo cualquiera, pues sus etiquetas originales habían desaparecido, como un tatuaje que se cubre con otro para arrancar las páginas de una historia que quieres olvidar.

Estas etiquetas hablaban de la memoria , de las risas, de la tristeza, de los deseos, de lo que se busca y de lo que se quiere perder.

No eran letreros al azar, no eran jeroglíficos contando vanas leyendas sin sentido que siglos atrás los reyes decidieron inventar para explicar lo que no tiene explicación alguna.

Significaban su vida, su ansia de recolectar pedazos, rotos o inservibles. Pedazos de alma que sus dueños decidieron dejar atrás.

Él quería encontrarlos, ordenarlos, recomponerlos con cuidado, con aguja e hilo, con celo y pegamento o quemando las heridas con una navaja puesta al fuego.

Todo ello para luego buscar a sus dueños, para que eligieran mirar al pasado y continuar adelante, para darles una razón por la que valiera la pena levantarse por las mañanas. Simplemente para hacerles felices y así quedarse con un pedacito de alegría.

Ahora baila mareado y entre náuseas en esta fiesta en la que nadie le ilumina y la música es muda, en la que nadie quiere sus trozos recompuestos ni desea nada de los demás. Y se encierran dentro de sus burbujas opacas mirando con desprecio al resto del mundo sin observar nada en él. Nadie quiere compartir una felicidad que no tiene.



Así el tiempo se va llevando pedazos del bote de basura, como un castillo de arena demasiado cercano a la orilla.







Eres un demonio, un demonio de alas negras y piel como de cuero. Arrastras los pies prendiendo las llamas a tu alrededor y haces que el aire chirríe en los tímpanos deslizando tus garras contra las paredes. Miras con odio a través de esos ojos de acero sin pupilas ; pero no eres como el resto, pues tú observas. Tú miras a los demás, al interior de sus mentes vacías, y conviertes sus globos oculares en cristal y les obligas a girara la cabeza hacia otro lado.

Eres lo descrito, eres el mal, eres miedo y furia. Pero es tu disfraz, ese disfraz que elegiste para engañarles y engañarte, para ocultarte y obligarles a que se ocultaran y huyeran de ti.

Pero no eres un demonio, eres un ángel, un ángel del que nadie buscó protección ni ayuda y que a pesar de ello continuó cargándoles sobre sus espaldas, ayudándoles a cruzar los abismos que no veían o que su cobardía les impedía cruzar.

Tu eres el ángel que decidió lanzarse al vacío para no caer y que se bautizó con tinta para teñir sus alas de sombra.

Ahora te quedas quieto en mitad de la sala, con los brazos cruzados y las plumas de tus alas cayendo una a una como los granos de un reloj de arena y creando un desierto de dunas de ónice.



Tus lágrimas murieron hace tiempo, ya solo esperas encontrar a alguien a quién proteger, alguien a quién tus alas guarden de la caída de los segundos sobre su corazón y que se vaya volando contigo hacia ninguna parte.







El cubo pisó las afiladas pestañas y empezó a guardarlas con cuidado en el compartimento correspondiente utilizando para ello las últimas gotas de vida que le restaban.



El abanico le dio su aliento, para así recuperar sus deseos. Sus espíritus sangraban, desgastándose por el mundo que les oprimía.



El ángel se cernió sobre ellos y les protegió de la lluvia de miradas de fuego.







La música se congeló y las luces se cegaron y tres almas desaparecieron para siempre sin que nadie se percatara de ello.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Siete comienzos (Dani G)

Un, dos, tres... ¡YA! La carrera se me hizo muy corta. Cierto es que eso de acumular tanta tensión y gastarla en tan poco tiempo acaba por destrozar a uno y dejarlo KO. Como diría Carmencita, nada se consigue sin esfuerzo, claro que mi esfuerzo es más bien nulo, teniendo en cuenta que podría fulminarla con la mirada y sólo dejar cenizas, entonces desaparecería con tan sólo la fuerza del chasquido de mis dedos, para que nadie supiera quién había sido.
Mis padres me revelaron mis poderes hacía tan solo un mes, cuando desperté una vez más junto al perro de la vecina. Entonces se hizo evidente que no era un niño normal y mis padres tuvieron que confesar: que si "no te lo dijimos para protegerte", que "si queríamos que fueras normal"... Una mierda, lo que pasaba era que el colegio de magos costaba una pasta. Pero en fin, no se lo tengo en cuenta. Pronto descubrí que mis poderes no se materializaban en estrellitas o polvos mágicos, qué va, mis manos segregaban humo, humo azul. Mi padre me lo mostró un día. Un, dos, tres y zas, desapareció dejando una estela de humo azul celeste que impregnó de un embriagador olor a incienso la sala. Perfecto, ahora cada vez que usara mis poderes olería a tienda de ocultismo. Ya entiendo por qué en el colegio me llamaban Ambi puro. Espantaré a todo el instituto y seré un marginado social.
Sinceramente, mis padres no me querían. ¿No podía el mundo mágico haber elegido otro olor o, sencillamente, que no huela? Qué manía tienen los magos porque todo sea oloroso, en el colegio de magos huele hasta la tapa del inodoro. Y también hay un encabezonamiento con los colores. Dios, yo no he visto un instituto más hortera que el mágico, que hoy rosa por los ponis mágicos, que si hoy celeste por las sirenas... ¿No hay ningún ser mágino que tenga el color negro? Y por no mencionar la manía de que todo tenga que hablar. Voy al baño, me habla el lavabo, voy al jardín, me habla el árbol, voy al comedor, y me habla la comida. ¿Acaso hay algo que no hable? Claro, así luego me da pena comerme la comida y me muero de hambre. Que sí, que los poderes y eso es muy bonito, pero en un mes, estoy hasta las narices.
La guinda de la tarta lo puso mi nuevo despertador mágico, cuando por la mañana temprano...
-Un, dos, tres: ¡despierta! -me susurró al oído.

martes, 16 de febrero de 2010

Un, dos, tres

1. Un, dos, tres y hasta cuatro semanas hace que no te escribo.

2. Un, dos, tres y zas desapareció dejando una estela de humo azul celeste que impregnó de un embriagador olor a incienso la sala.

3. “Un, dos, tres, venga.... cinco, seis, siete, vamos... nueve, ¡diez!” Un alarmante timbrazo resonó en todo el edificio.

4. Un, dos, tres: ¡despierta!- me susurró al oído.

5. “Un-dos-tres, un-dos-tres, arriba pierna derecha; un-dos-tres, un-dos-tres, flexión completa”.

6. Un, dos, tres, eso fue lo último que oí de ella, las últimas palabras que salieron de su boca, que rozaron sus labios y notaron el calor de su aliento.

7. Un, dos, tres... ¡YA! La carrera se me hizo corta. Cierto es que eso de acumular tanta tensión y gastarla en tan poco tiempo acaba por destrozar a uno y dejarlo KO, como diría Carmencita.

¿Qué hay que hacer? Muy sencillo, escoger uno para el comienzo, otro para situarlo en la mitad y otro para el final. Ánimo y que vuele el lápiz

Espacio exterior

Y no se reenvían mis mensajes a la luna, ni acude Marte a mis citas a oscuras. Hay lluvia de estrellas en mi paraguas y me asolan las horas que no paso del revés. La constelación de tu costado me invita a jugar a las cartas con las pocas normas que me quedan por romper. Los meteoritos de tus palabras me dejan sin vida si los sueltas con la fuerza adecuada, destrozan mis barreras y mi sombrero de copa con demasiadas copas de más. La rotación de los planetas nos obliga a movernos, a perseguirte en este laberinto, en esta línea recta con la salida bastante bien señalizada. Y tus costumbres no varían cuando muere una estrella. Y tus ojos son más oscuros que el vació del espacio. Tragados como por un agujero negro está el futuro y el pasado, y el presente no quiere escuchar nuestros lamentos, que sin fuerzas ya encallan en tu lancha a motor. Escucha, las penas nunca vienen solas y en la atmosfera de Júpiter siguen acordándose de tu perfume. Y entre la masa de azoteas que forma mi nebulosa personal, observo como las flores crecen entre tus dientes, y me sale una sonrisa tonta al ver los enigmas que me ofrece la piel que cubre tu ropa. No sé, dicen que hoy las galaxias ríen como locas, para luego llorar como magdalenas, vaya, en algo nos parecemos las galaxias y yo. Y entre los pocos recovecos que deja tu boca, hago expediciones con mi nave espacial, pero mira, en tu garganta no hay vida, solo prisa, solo prismas colgantes, solo carisma y crismas de navidad y un montón de cuerdas vocales embarazadas a punto de dar a luz palabras. Houston tenemos un problema o tal vez sea cosa de mi imaginación, pero sus uñas gritaban que había vida en el espacio y un extraño marciano vestido de mujer asaltando su nevera y bebiéndose su cerveza. Houston tenemos un problema tal vez dos, no encuentro las ganas para seguir con mi misión, no encuentro una frase que me haga romperla en dos, no encuentro ningún planeta que me ofrezca un mejor fondo de inversión.
Caricia tras caricia me hacías trizas, igual que con tu risa trastabillaba y me caía en Saturno un sábado cualquiera. Una osa mayor estática, buscando una táctica para partirme el corazón. Tres embrujos y un hechizo para deshacerme de las enanas blancas que crecían en las cañerías de mi casa. Un universo sin espacio útil. Un sutil argumento en contra de llevar demasiado apretado el Cinturón de Orión. Un telescopio tan tímido que no quiere mirar y un cable de alta tensión que me prometía dejarme sin luz y sin teléfono hasta que le contara todos mis secretos. Con la maleta a cuestas y puestos hasta arriba de protestas dejamos de soñar ser de mayores astronautas o modelos, actores de Hollywood o millonarios sin querer. Y el sol nos iluminaba cada día hasta que se hartaba y se iba a comer tarta al otro lado del mundo. Pero nos dejaba la noche al cuidado de nuestro poco sentido de la responsabilidad, nuestro poco sentido del deber hacer bien las cosas. Y quise viajar en cohete hasta el fin del universo, pero un beso tuyo me hizo volver atrás, me hizo comprender que el fin del universo es un espeso velo que no se puede pasar sin llamar a la puerta primero. Pedíamos cita previa para nuestras citas antes del Big Ban, y de rodillas nos contábamos historias acerca de galaxias con forma de espiral. Hablábamos de utopías, y de cuentos que pululaban por un sistema solar que volaba a solas sin escoba ni alas de hada. Y fumando en pipa, mirábamos las horas pasar, y el humo creaba cometas que dejaban una estelas de idas y venidas a ninguna parte. Encerrábamos en el desván todos aquellos satélites tristes y despistados que caminaban alrededor de la Tierra. Nuestros pensamientos nos llevaban a Mercurio, con unos grados centígrados de más, y después del centrifugado nos tendíamos al sol. Pensábamos que el universo era infinito y también que éramos dos ratones que viajaban bien vestidos, pensábamos que éramos una historia sin final, un cielo siempre azul que ninguna nube se atreve a amenazar, pero bueno, simplemente nuestra mente nos quiso ocultar que nada era infinito. Asique nuestro sino nos pilló desprevenidos y al implosionar eliminamos la Vía Láctea del mapa.

Por cierto os dejo la dirección del blog que me he hecho xDDD susurrosentrelatinta.blogspot.com