viernes, 26 de febrero de 2010

Desde dentro del cuadro


Este texto colectivo, hecho entre cinco en el Taller el miércoles pasado, nos da una imagen de Picasso desconocida hasta ahora. Esperamos que os guste a los ausentes.

Ya me gustaría a mí encontrar otro trabajo que no fuera tan estresante. El señor este no me deja mover ni un músculo del cuerpo, nada, todo el tiempo quieta, quieta, sin pestañear. Y encima, luego veo lo que ha pintado y me llevo un corte… Ya me lo decía mi madre: “Hija, como no estudies, no harás carrera alguna de tu vida…”. Y aquí estoy, sacándome cuatro perras por 10 o 12 horas de trabajo. ¿Qué no es cansado estar tumbada con la cabeza apoyada en el brazo y sin moverse? Quien quiera saberlo, que lo pruebe.
Y claro, luego está el tema de mi imagen, a ver cómo voy yo por ahí diciendo que esa del cuadro soy yo. Porque claro, si al menos me pintara un poco más normal, pues bueno, vale; incluso aunque me hiciera un poco alargada o me pintara con tonos chillones. Pero esto, esto no tiene nombre. Mira que ponerme un ojo más grande que otro, la nariz torcida y las manos… ay qué manos, por Dios, cada una para un lado, como si me salieran de la cadera.
Y no os penséis que me deja descansar, qué va, yo quieta hasta que me indique el pintor y nada de parar para tomar algo de comer, qué narices, si me muevo un segundo “pierde la perspectiva”, según él; ya, claro, como si tuviera algo de eso, porque, claro, ponerme la nariz en la nuca es una perspectiva que te cagas…
Si tuviera dinero, yo le denunciaba, porque vale que no sea una bellísima señora, pero tan fea no soy…es que… ¡anda vamos! que mi hijo de tres años sabe dibujar mejor que el artistillo este. Bueno, al menos, es guapo.
Aisss…cómo me pica la nariz… a ver si no mira y me puedo rascar… El momento es… ¡ahora! ¡Mierda! Me ha pillado. Y la bronca que me ha echado… ¡Pero si ni siquiera me está pintando a mí! Está liadísimo con las hierbecillas esas de la ventana, que le están llevando más tiempo que el resto del cuadro. Pero, nada, que todo es importante en la composición, dice. Pues vale. Pero a mí ya me duele todo, y dejarme la salud y la imagen pública en este diván no es lo que tenía planeado cuando quise ser modelo. ¿Sabes qué te digo? ¡Ahí te quedas, Pablito!
─¿Dónde vas, Marie?─ me grita desde dentro cuando yo ya he empezado a bajar las costrosas escaleras del edificio donde este “pintor” tiene su estudio (un cuartucho de mala muerte) alquilado.
─¿Cómo que dónde voy?─ Por lo pronto, lejos de ti y a buscarme la vida por caminos más seguros y menos vergonzosos. Sé que si me quedo contigo, no tendré futuro. No eres más que un desgraciado que se ha venido con sus pinceles de Málaga a París y que aquí quiere ser famoso. ¡Cómo si eso estuviera la alcance de cualquiera! Mira, Pablito, guapo, para eso hay que ser un genio y tú estás a años luz, si lo sabré yo, que llevo observándote mucho más que tú a mí. Te miro y veo que das un brochazo para acá, otro para allá, como si no supieras cómo empezar a pintar. Para todo hay que saber, hay que estar preparado, que ya me lo decía mi madre. Y tú, hijo mío, ni lo uno ni lo otro. Y si no, al tiempo.
─Pero… ¡no te vayas! ¡no me dejes así, sin terminar al menos este cuadro!
─Este ¿qué? ¿cómo puedes llamar a esto “cuadro”? Anda y que te den; ahí te quedas, Pablo Ruiz Picasso, aprendiz de pintor.



lunes, 22 de febrero de 2010

Concurso

I CONCURSO DE RELATOS «AFA MONTSERRAT»


BASES:

  1. Están invitados a participar en este concurso de relatos todos los estamentos del Colegio: el alumnado y sus padres o madres, el profesorado y el personal no docente, tanto del Montserrat 1 como del Montserrat 2.
  2. El tema de las obras será de libre elección por cada uno de los autores.
  3. Los relatos presentados se clasificarán por categorías:
  1. Educación Infantil
  1. 1º y 2º de primaria
  2. 3º y 4º de primaria
  3. 5º y 6º de primaria
  4. 1º y 2º de la ESO
  5. 3º y 4º de la ESO
  6. 1º y 2º de Bachillerato
  7. Adultos
  1. La extensión máxima de los relatos será de diez páginas. La mínima, para cada categoría, será:

    A y B: una página (incluido un dibujo si el autor lo desea)

    C y D: dos páginas (incluido un dibujo si el autor lo desea)

      E, F, G y H: cuatro páginas

  1. El formato será: fuente Arial 12, sangría 1cm en primera línea, interlineado 1,5 líneas y márgenes 2,5 cm. Los autores de las categorías A y B podrán presentar sus relatos escritos a mano.
  2. Los originales deberán depositarse en el buzón del AFA y no incluirán ninguna firma ni clave identificativa. Grapado al relato se adjuntará un sobre cerrado que contendrá el nombre del autor y sus datos de contacto (en el caso del alumnado, bastará con acompañar al nombre con su curso y letra). En el exterior del sobre solamente figurará la letra de la categoría a la que pertenece el autor para poder clasificar su relato.
  3. El plazo de presentación de las obras finalizará a las 16 h del día 8 de abril de 2010.
  4. Se seleccionará un ganador por categoría. Cada uno de los ganadores recibirá como premio una tarjeta-regalo de 50,00 € de una librería a determinar (FNAC, Abac, Casa del Libro…).
  5. El jurado designado para la elección de los ganadores estará formado por al menos dos miembros de la Junta Directiva del AFA y cinco personas (o más) de libre designación por la JDAFA y podrán pertenecer o no al Colegio. La identidad del jurado se dará a conocer en el momento del fallo.
  6. El fallo del jurado se hará público el día 23 de abril (Día Internacional del Libro) en un acto en el que se leerán los relatos ganadores y se entregarán las tarjetas-regalo a sus autores.
  7. La participación en este concurso implica la aceptación de las presentes bases y las decisiones del jurado, que serán inapelables.
  8. La Junta Directiva del AFA se reserva el derecho a publicar, en cualquier soporte (papel, página web, etc.), los relatos ganadores.

domingo, 21 de febrero de 2010

Carta del mar (Marina)


Un, dos, tres y hasta cuatro semanas hace que no te escribo.

El viaje me lo impide y todavía queda un largo trecho por navegar.

El navío en el me encuentro es grande, sucio y ruinoso, pero a un marinero como yo, eso ya no le debería de importar .Por una lado quiero que el tiempo corra, como la furia del mar y me lleve a la guerra, por otro lado querría ser el capitán del barco, anular la misión y volver a tu lado.

Los días son muy duros y solo por la noche me llega la ansiada paz , con el silencio y la oscuridad de la noche, donde subo al castillo de proa y me asomo para buscar el horizonte y para recordarte…

Un, dos, tres…Y las primeras palabras que oigo en la mañana se reducen a:

-¡Despierta muchacho, que ya es hora, venga marinero de agua dulce, señorito piadoso!

Y comienzo, mi trabajo hizando velas, fregando o reparando algunas armas para el combate.

Te diré porqué:

Hace unas semanas fuimos desafiados por un atajo de piratas que huían de Inglaterra para no cumplir su condena. El viento no estaba a nuestro favor y su capitán nos abordó armado hasta los dientes, reclamando las mejores espadas, pistolas y por supuesto monedas de oro.

El orgullo de mis compañeros no se vería rebajado a ser insultados y robados por estos piratas de tres al cuarto, asique vencimos sanguinariamente al enemigo sin piedad, en nuestro propia barco, dejando al capitán como último para ejecutar.

Esa tarea me tocaba a mí y tu apareciste en mi mente como cada vez que estoy en peligro de muerte.

Me quedé ensimismado, tenía al pirata enfrente mío y….

Un, dos tres y ¡zás! desapareció ante mis ojos dejando una estela de humo azul celeste que impregnó el océano de un embriagador olor a incienso.

Y por esa torpeza mía , por mi incansable deseo de verte de nuevo , estoy castigado a cumplir las peores tareas de un marinero.

Cuando vuelva de la guerra, mi odiado viaje y el rencor de los marineros será cosa del olvido...

Y si muero , mi amada, siempre estaré contigo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Las pestañas, los pedazos y las alas

-Ando con la cabeza gacha, observando mis pies, contando las baldosas y sin tocar las líneas que las separan. Observo sus colores, sus brillos; no hay ni orden ni armonía alguna, es un caos de azulejos. Fichas de dominó que algún estúpido decidió colocar en fila formando una espiral para luego destruir su obra con la fuerza de un solo dedo.

Elegí el disfraz de abanico para protegerme, para cubrirme el rostro de las miradas de los que se encontraban a mi alrededor y que se clavaban con una brillante grapadora roja en mis mejillas y en mis párpados, impidiéndome ver. Lo elegí porque creí que se llevaría el calor a otra parte, dejándome la brisa que enjugaba las lágrimas. Pero en lugar de todo eso desató un vendaval que se llevó a sí mismo y me abandonó desnuda en medio de la fiesta, justo cuando paraba la música y las luces se encendían y los focos me apuntaban y la gente me señalaba y se reía.

El tornado me trajo la vergüenza y la desconfianza y me arrancó las pestañas y las desparramó por el suelo como un millón de jeringuillas que contenían la droga que yo necesitaba para matar la pena y el recuerdo; y que guardaban un millón de deseos que perdí.

Ahora ando con la cabeza gacha, observando mis pies y contando baldosas sin tocar las líneas que las separan.



Y busco mis pestañas entre el montón de piezas esmaltadas y así desear irme al fin del mundo de un soplido.







Se disfrazó de cubo de basura, era un bote de reciclaje, de varios colores clasificatorios: papel, envases, cristal, material orgánico,...Pero no era un cubo cualquiera, pues sus etiquetas originales habían desaparecido, como un tatuaje que se cubre con otro para arrancar las páginas de una historia que quieres olvidar.

Estas etiquetas hablaban de la memoria , de las risas, de la tristeza, de los deseos, de lo que se busca y de lo que se quiere perder.

No eran letreros al azar, no eran jeroglíficos contando vanas leyendas sin sentido que siglos atrás los reyes decidieron inventar para explicar lo que no tiene explicación alguna.

Significaban su vida, su ansia de recolectar pedazos, rotos o inservibles. Pedazos de alma que sus dueños decidieron dejar atrás.

Él quería encontrarlos, ordenarlos, recomponerlos con cuidado, con aguja e hilo, con celo y pegamento o quemando las heridas con una navaja puesta al fuego.

Todo ello para luego buscar a sus dueños, para que eligieran mirar al pasado y continuar adelante, para darles una razón por la que valiera la pena levantarse por las mañanas. Simplemente para hacerles felices y así quedarse con un pedacito de alegría.

Ahora baila mareado y entre náuseas en esta fiesta en la que nadie le ilumina y la música es muda, en la que nadie quiere sus trozos recompuestos ni desea nada de los demás. Y se encierran dentro de sus burbujas opacas mirando con desprecio al resto del mundo sin observar nada en él. Nadie quiere compartir una felicidad que no tiene.



Así el tiempo se va llevando pedazos del bote de basura, como un castillo de arena demasiado cercano a la orilla.







Eres un demonio, un demonio de alas negras y piel como de cuero. Arrastras los pies prendiendo las llamas a tu alrededor y haces que el aire chirríe en los tímpanos deslizando tus garras contra las paredes. Miras con odio a través de esos ojos de acero sin pupilas ; pero no eres como el resto, pues tú observas. Tú miras a los demás, al interior de sus mentes vacías, y conviertes sus globos oculares en cristal y les obligas a girara la cabeza hacia otro lado.

Eres lo descrito, eres el mal, eres miedo y furia. Pero es tu disfraz, ese disfraz que elegiste para engañarles y engañarte, para ocultarte y obligarles a que se ocultaran y huyeran de ti.

Pero no eres un demonio, eres un ángel, un ángel del que nadie buscó protección ni ayuda y que a pesar de ello continuó cargándoles sobre sus espaldas, ayudándoles a cruzar los abismos que no veían o que su cobardía les impedía cruzar.

Tu eres el ángel que decidió lanzarse al vacío para no caer y que se bautizó con tinta para teñir sus alas de sombra.

Ahora te quedas quieto en mitad de la sala, con los brazos cruzados y las plumas de tus alas cayendo una a una como los granos de un reloj de arena y creando un desierto de dunas de ónice.



Tus lágrimas murieron hace tiempo, ya solo esperas encontrar a alguien a quién proteger, alguien a quién tus alas guarden de la caída de los segundos sobre su corazón y que se vaya volando contigo hacia ninguna parte.







El cubo pisó las afiladas pestañas y empezó a guardarlas con cuidado en el compartimento correspondiente utilizando para ello las últimas gotas de vida que le restaban.



El abanico le dio su aliento, para así recuperar sus deseos. Sus espíritus sangraban, desgastándose por el mundo que les oprimía.



El ángel se cernió sobre ellos y les protegió de la lluvia de miradas de fuego.







La música se congeló y las luces se cegaron y tres almas desaparecieron para siempre sin que nadie se percatara de ello.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Siete comienzos (Dani G)

Un, dos, tres... ¡YA! La carrera se me hizo muy corta. Cierto es que eso de acumular tanta tensión y gastarla en tan poco tiempo acaba por destrozar a uno y dejarlo KO. Como diría Carmencita, nada se consigue sin esfuerzo, claro que mi esfuerzo es más bien nulo, teniendo en cuenta que podría fulminarla con la mirada y sólo dejar cenizas, entonces desaparecería con tan sólo la fuerza del chasquido de mis dedos, para que nadie supiera quién había sido.
Mis padres me revelaron mis poderes hacía tan solo un mes, cuando desperté una vez más junto al perro de la vecina. Entonces se hizo evidente que no era un niño normal y mis padres tuvieron que confesar: que si "no te lo dijimos para protegerte", que "si queríamos que fueras normal"... Una mierda, lo que pasaba era que el colegio de magos costaba una pasta. Pero en fin, no se lo tengo en cuenta. Pronto descubrí que mis poderes no se materializaban en estrellitas o polvos mágicos, qué va, mis manos segregaban humo, humo azul. Mi padre me lo mostró un día. Un, dos, tres y zas, desapareció dejando una estela de humo azul celeste que impregnó de un embriagador olor a incienso la sala. Perfecto, ahora cada vez que usara mis poderes olería a tienda de ocultismo. Ya entiendo por qué en el colegio me llamaban Ambi puro. Espantaré a todo el instituto y seré un marginado social.
Sinceramente, mis padres no me querían. ¿No podía el mundo mágico haber elegido otro olor o, sencillamente, que no huela? Qué manía tienen los magos porque todo sea oloroso, en el colegio de magos huele hasta la tapa del inodoro. Y también hay un encabezonamiento con los colores. Dios, yo no he visto un instituto más hortera que el mágico, que hoy rosa por los ponis mágicos, que si hoy celeste por las sirenas... ¿No hay ningún ser mágino que tenga el color negro? Y por no mencionar la manía de que todo tenga que hablar. Voy al baño, me habla el lavabo, voy al jardín, me habla el árbol, voy al comedor, y me habla la comida. ¿Acaso hay algo que no hable? Claro, así luego me da pena comerme la comida y me muero de hambre. Que sí, que los poderes y eso es muy bonito, pero en un mes, estoy hasta las narices.
La guinda de la tarta lo puso mi nuevo despertador mágico, cuando por la mañana temprano...
-Un, dos, tres: ¡despierta! -me susurró al oído.

martes, 16 de febrero de 2010

Un, dos, tres

1. Un, dos, tres y hasta cuatro semanas hace que no te escribo.

2. Un, dos, tres y zas desapareció dejando una estela de humo azul celeste que impregnó de un embriagador olor a incienso la sala.

3. “Un, dos, tres, venga.... cinco, seis, siete, vamos... nueve, ¡diez!” Un alarmante timbrazo resonó en todo el edificio.

4. Un, dos, tres: ¡despierta!- me susurró al oído.

5. “Un-dos-tres, un-dos-tres, arriba pierna derecha; un-dos-tres, un-dos-tres, flexión completa”.

6. Un, dos, tres, eso fue lo último que oí de ella, las últimas palabras que salieron de su boca, que rozaron sus labios y notaron el calor de su aliento.

7. Un, dos, tres... ¡YA! La carrera se me hizo corta. Cierto es que eso de acumular tanta tensión y gastarla en tan poco tiempo acaba por destrozar a uno y dejarlo KO, como diría Carmencita.

¿Qué hay que hacer? Muy sencillo, escoger uno para el comienzo, otro para situarlo en la mitad y otro para el final. Ánimo y que vuele el lápiz

Espacio exterior

Y no se reenvían mis mensajes a la luna, ni acude Marte a mis citas a oscuras. Hay lluvia de estrellas en mi paraguas y me asolan las horas que no paso del revés. La constelación de tu costado me invita a jugar a las cartas con las pocas normas que me quedan por romper. Los meteoritos de tus palabras me dejan sin vida si los sueltas con la fuerza adecuada, destrozan mis barreras y mi sombrero de copa con demasiadas copas de más. La rotación de los planetas nos obliga a movernos, a perseguirte en este laberinto, en esta línea recta con la salida bastante bien señalizada. Y tus costumbres no varían cuando muere una estrella. Y tus ojos son más oscuros que el vació del espacio. Tragados como por un agujero negro está el futuro y el pasado, y el presente no quiere escuchar nuestros lamentos, que sin fuerzas ya encallan en tu lancha a motor. Escucha, las penas nunca vienen solas y en la atmosfera de Júpiter siguen acordándose de tu perfume. Y entre la masa de azoteas que forma mi nebulosa personal, observo como las flores crecen entre tus dientes, y me sale una sonrisa tonta al ver los enigmas que me ofrece la piel que cubre tu ropa. No sé, dicen que hoy las galaxias ríen como locas, para luego llorar como magdalenas, vaya, en algo nos parecemos las galaxias y yo. Y entre los pocos recovecos que deja tu boca, hago expediciones con mi nave espacial, pero mira, en tu garganta no hay vida, solo prisa, solo prismas colgantes, solo carisma y crismas de navidad y un montón de cuerdas vocales embarazadas a punto de dar a luz palabras. Houston tenemos un problema o tal vez sea cosa de mi imaginación, pero sus uñas gritaban que había vida en el espacio y un extraño marciano vestido de mujer asaltando su nevera y bebiéndose su cerveza. Houston tenemos un problema tal vez dos, no encuentro las ganas para seguir con mi misión, no encuentro una frase que me haga romperla en dos, no encuentro ningún planeta que me ofrezca un mejor fondo de inversión.
Caricia tras caricia me hacías trizas, igual que con tu risa trastabillaba y me caía en Saturno un sábado cualquiera. Una osa mayor estática, buscando una táctica para partirme el corazón. Tres embrujos y un hechizo para deshacerme de las enanas blancas que crecían en las cañerías de mi casa. Un universo sin espacio útil. Un sutil argumento en contra de llevar demasiado apretado el Cinturón de Orión. Un telescopio tan tímido que no quiere mirar y un cable de alta tensión que me prometía dejarme sin luz y sin teléfono hasta que le contara todos mis secretos. Con la maleta a cuestas y puestos hasta arriba de protestas dejamos de soñar ser de mayores astronautas o modelos, actores de Hollywood o millonarios sin querer. Y el sol nos iluminaba cada día hasta que se hartaba y se iba a comer tarta al otro lado del mundo. Pero nos dejaba la noche al cuidado de nuestro poco sentido de la responsabilidad, nuestro poco sentido del deber hacer bien las cosas. Y quise viajar en cohete hasta el fin del universo, pero un beso tuyo me hizo volver atrás, me hizo comprender que el fin del universo es un espeso velo que no se puede pasar sin llamar a la puerta primero. Pedíamos cita previa para nuestras citas antes del Big Ban, y de rodillas nos contábamos historias acerca de galaxias con forma de espiral. Hablábamos de utopías, y de cuentos que pululaban por un sistema solar que volaba a solas sin escoba ni alas de hada. Y fumando en pipa, mirábamos las horas pasar, y el humo creaba cometas que dejaban una estelas de idas y venidas a ninguna parte. Encerrábamos en el desván todos aquellos satélites tristes y despistados que caminaban alrededor de la Tierra. Nuestros pensamientos nos llevaban a Mercurio, con unos grados centígrados de más, y después del centrifugado nos tendíamos al sol. Pensábamos que el universo era infinito y también que éramos dos ratones que viajaban bien vestidos, pensábamos que éramos una historia sin final, un cielo siempre azul que ninguna nube se atreve a amenazar, pero bueno, simplemente nuestra mente nos quiso ocultar que nada era infinito. Asique nuestro sino nos pilló desprevenidos y al implosionar eliminamos la Vía Láctea del mapa.

Por cierto os dejo la dirección del blog que me he hecho xDDD susurrosentrelatinta.blogspot.com

domingo, 14 de febrero de 2010

Espero

Simplemente espero, espero y me pierdo. Me pierdo permaneciendo inmóvil, simplemente apoyado en la fría barandilla de una boca de metro cuyo nombre he olvidado y no me importa, y que soy incapaz de ver a través del ala de mi sombrero y de la sombra del pelo que me cae sobre los ojos. Me pierdo inmóvil, sordo del mundo y dejando que la música de mis auriculares se vierta dentro de mí, haciéndome repiquetear la batería contra el asfalto.

Espero y observo, observo sus caras , sus maletas, la mugre que cubre sus zapatos de cuero, el color de sus pendientes y las rozaduras de sus pantalones. Los congelo, uno a uno, en cada uno de sus pasos hacia la superficie, atrapo las arrugas de sus ojos al cerrarse contra el viento y guardo las formas que los objetos de sus bolsillos graban contra la tela vaquera.

Conservo cada instante en el formol de mi memoria y levanto el frasco de vidrio ante mis ojos y aprecio el más mínimo detalle de cada segundo encarcelado, desgarrado de la tela del continuo espacio-tiempo.

Masco tranquilamente mi chicle, como una parte más de mí, al son de la respiración y del circular de la sangre por mis venas. Hago una pompa , miran, la reviento, bajan la cabeza como niños avergonzados por algo que no entienden.

Ato las sogas de mis retinas en todos ellos y hago correr el nudo, su pulso se acelera y tiemblan sus manos. No se atreven a liberarse, creen estar locos por sentir esa presión en la nuca, por sentirse atrapados por la nada. Pero nerviosos, de forma impulsiva , se atreven a alzar la vista en busca de su agresor. Pero no ven más allá de mis oscuras pupilas, donde ven sus tristes reflejos que les aterran ; y como si les giraran la cara de un manotazo cierran los párpados en un espasmo, siguiendo su camino, sin querer mostrar como huyen, ocultando sus vertiginosos pasos de miedo: un miedo de dos escalones, medio segundo y un choque en cadena contra el mundo exterior.

Simplemente espero, espero inmóvil, repiqueteando el ritmo de la batería contra el asfalto, que me ensordece de dentro hacia afuera. Tan solo la música, el chicle, mi respiración y la sangre de ida y vuelta en una carretera sin carteles ni límite de velocidad, donde se pisa el acelerador hasta la muerte por el mero placer de la vida.

Espero y observo, observo las formas de sus cráneos , el brillo de las hebillas en sus cinturones.
Leo las pegatinas de su equipajes, que hablan del lugar del que proceden y de sus destinos y de los sueños sobre lugares a los que desearían ir o por los cuáles matarían con tal de no volver. Intento adivinar qué instrumentos guardan esas extrañas cajas o qué marca de ropa interior contiene esa camisa o si fueron las lágrimas o las prisas frente al espejo las que hicieron correrse ese maquillaje.

Con una sonrisa a contraluz hago descender de nuevo la horca a mi particular patíbulo, tan solo por el placer que el espectáculo de sus expresiones me ofrece...Pero entonces ocurre:

Ella me mira con descaro en vez de miedo, con una sonrisa de lobo iluminada por la luna y que aulla al griterío con el que una mirada de uno de su especie hace quebrarse la noche. El reflejo de una mirada sobre la otra forma el infinito, el hilo que da cuerda al reloj se enreda en una maraña de segundos, horas y minutos y como unas zapatillas viejas atadas por los cordones somos lanzados al vacío exterior, quedando colgados de un mismo cable que nos tiende la vía láctea en una oscura calle del Bronx pintada de graffitis y agujeros de bala.

Pero sus párpados se cierran en un bostezo a la inversa y sus pasos siguen su camino con el esfuerzo con el que se atraviesa un mar de tela de araña y huye ocultando sus vertiginosos pasos de miedo, de miedo al amor : un amor de dos escalones, medio segundo y siete vueltas de campana en una autopista sin límite de velocidad ni carteles, en la que durante medio segundo parece que todos han decidido parar a repostar pero que ni siquiera se han acordado del pedal de freno ni de los retrovisores que dejaron tirados hace ya tiempo en la cuneta.

Pájaro Rojo....Pájaro Azul

Resuena en el cosmos el silencio de las estrellas fugaces al pasar, el sol decide congelarse y se para a escuchar y todos los hombres atan sus ojos cosiendo con aguja e hilo a las estrellas, que observan el bello espectáculo.

Los montones de hojas secas se arremolinan en el viento de la luna y un castillo de plata fundida surge de la materia oscura. Empieza el baile.

Mil figuras danzan al son de mil violines que mil árboles negros como su propia sombra tocan al compás de un mar de arañas que nadan sobre un océano de seda.

Blanco y negro, blanco y negro...El salón es un inmenso tablero donde se juega una brutal partida de ajedrez. No hay tregua, las parejas se enfrentan abalanzándose unas sobre otras. Sus rostros de mármol se cubren con máscaras deformes y tenebrosas y cada paso resuena en las columnas que se alzan hasta donde no alcanza la vista, como ataúdes golpeando contra la tierra en el fin de un funeral. Mas en esta ocasión es el vivo quién está dentro, dejando sus uñas arrancadas en la tapa y gritando desesperadamente por un milagro en el que no cree.

Los mil cadáveres asistentes a la fiesta continúan con su macabro espectáculo golpeando a cada nuevo segundo con más rabia y crueldad.

El vuelo de las faldas y los vestidos en su interminable giro desata un huracán que arranca el cielo de la tierra. Los bailarines están esposados con cadenas al rojo vivo y el crujir de sus huesos es la percusión de la maléfica sinfonía.

El Sol estalla en una supernova de truenos y relámpagos y se inicia una tormenta de fuego cegador.

Cientos de espejos rodean la sala, espejos donde nadie se refleja y que chillan de dolor quebrándose en mil pedazos cada vez que un rayo atraviesa el cielo.

Las máscaras se deshacen en cenizas y los peones se lanzan de cabeza unos contra los otros haciendo rodar sus cráneos por el suelo del palacio. Los caballos se encabritan y los alfiles se atraviesan las gargantas con sus lanzas y las torres se derrumban sin dejar ningún vestigio de lo que fueron sus vestidos de acero.

Pero el baile no acaba, es el tiempo , la eternidad, es la fuerza que destruye las montañas y oprime poco a poco el corazón de los inmortales con el deslizar de los granos de arena.

Solo los reyes continúan en pie. Ella es la novia en esta boda de mil cadáveres en caída libre. Su vestido es negro como las plumas de los cuervos, transparente como una gasa y con los bordes de encaje.

No hay máscara pues no hay rostro que ocultar, solo fría piedra.

Su pecho es una jaula de gélidos barrotes y su corazón es un pájaro rojo como la sangre, hambriento y escuálido que a cada nueva melodía de los violines se lanza desesperadamente cotra los límites de su prisión.

El pájaro canta, es una canción de muerte, de ansia , de destrucción.

Él , el rey, intenta huir, pero sus cadenas se unen a los huesos de la reina.

Su traje es la propia oscuridad y su jaula esta abierta de par en par. Un pájaro azul sin ojos se oculta en su interior, alejándose de la salida, intentando atravesar el abismo interior.

El rostro del rey se cubre de una máscara de lágrimas de hielo, pero no puede apartar su mirada del temible sin-rostro de la reina, impasible frente al infernal estado en que se encuentran.

De repente se abre la faz de la marmólea reina. Sus ojos son de ámbar y sus labios del rojo de las plumas de su corazón.

Cesa la música, se quiebran las cadenas y la blanca mano de la reina atrapa al pájaro azul que se retuerce intentando escapar. La puerta de las costillas de la reina se abre y ésta introduce en su interior al pobre corazón azul, todavía latiendo y aleteando por la vida que le va a ser vedada. Pero está sentenciado.

La voraz ave roja lo atrapa entre sus garras y acaba con él, arrancándole las entrañas.

martes, 9 de febrero de 2010

Carnaval, carnaval... Carnaval, te quiero....

-Gabriel, mira.
-¿Qué quieres que mire renacuajo?- -Eso es lo que creo que es?
-Si,- -es mi protegida... y acompañante.
-¿María Antonieta y un cubo de basura gigante?
-SI... quiero decir NO. Claro que no, es que no sabes en que mes vivimos?
-Siiiiii..... poor supueeeeesto....
-Febrero, estamos en FE-BRE-RO
-Pues eso lo que yo decía. Ahora hace dos meses del dosmilabo cumpleaños de mi protegido.
- No, no, no,no, no. No me refería a tu Jesusito. Febrero es sinónimo de fiesta, carnaval...
- Y de amor, besitos y te quiero...
- Cállate Cupido.
- Como te decía Gabriel.
-Se dice Gabriel, o mejor dicho, señor Gabriel.
- Bueno como sea. El caso es que ahora, en carnaval, los humanos se disfrazan y se lo pasa de
pu(piiiiiiiiiiiii)...- -Pero que mi(piiiiiiiiiiii) es esta. Desde cuándo nos censuran lo que decimos?
-Es que el jefe no quiere que su hijito del alma oiga nada malsonante.
-Ah claro, y por eso le deja casarse con una pu(piiiiiiiiiiiiiii).
-Se llama María Magdalena y no es una..... señorita de compañía, al menos ya no.
-Ya, eso es lo que él se cree.
-Yo en tu lugar no me reiría de mi protegido, tiene enchufe y como se entere el jefe ya sabes...
cuernos, tridente, calorcito... te vas a hacerle compañía a Luci.
-Ejem, ejem...- - casi que cambiamos de teme.
-Si, ah por cierto a tu protegida la va a pasar algo, la luz roja parpadea.
-Oh, mi(piiiiiiiiiii) mi misión.


(mientras en la tierra)


-Dame el abanico, aquí dentro hace mucho calor.
- Te quejaras. Tu no vas envuelta en 20 cm de gomaespuma pintada.
-Anda, quita. Dónde se ha visto un cubo de basura con abanico?
- Buenas noches!!!!!!!!
-Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhgggggg!!!!!!!!!!!!!!!!


(de nuevo en el cielo)

-Y entonces te lanzó por los aires, no?
-Si
-Y por eso estas aquí, con un ala rota.
-Si
-Mmmhh, repitemelo otra vez, cuál era exactamente tu misión?
-Protegerla de.....
- Si me he enterado bien, te has roto un ala y te has humillado convirtiéndote en un abanico parlante para protegerla de una torcedura de tobillo. Para evitar que se tuerza un simple tobillo.
-Bueno, qué pasa, es mi primera misión, no pretenderás que fuera a salvar el mundo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Tormenta

Un rebaño de nubes de tormenta entre ceja y ceja. Un chaparrón de malas ideas en mi cerebro. Y a fuera de mis pestañas hace buen tiempo pero me es indiferente porque cuando te miro todo se nubla. Si hace buen tiempo me es indiferente porque cuando noto tu presencia graniza en mi garganta. Y todo da vueltas de campana. Terremotos que me asolan el alma y olas gigantes que me parten las piernas. Ya no se qué pensar entre tantos huracanes. Y no hay paraguas, ni chubasqueros, ni refugios que sirvan para algo. Y los volcanes de mis sueños expulsan consejos y frases hechas que no me resuelven nada junto con imágenes y recuerdos que siempre intento olvidar. Parece que la sangre mana con más fuerza cuando se producen avalanchas. Y entre las inundaciones que se producen en mis oídos, producidas por el aguacero de tus frases inconexas, por tus pensamientos dichos en alto, por todo lo que dices flotan algunas ilusiones que de momento no se han roto. Pero, endebles, van a la deriva hasta encallar en algún banco de arena insensible y aburrida de ser simplemente arena. Y entre la furiosa tempestad espero poder olvidarte o por lo menos aliviar el dolor que me causas. Y entre la bruma que se crea a cada paso que das, intento respirar pero no puedo. Se me olvida que tus ojos son dos remolinos en el mar. Los tornados que asolan mi habitación no me dejan dormir y así no hay quien se despierte. Parece que entre tanto cuerdo que nieven sonrisas sea algo de locos. Parece que entre tanta desdicha contentarte con un rayo de sol no consuela. Y la decadencia de la aurora boreal hace mella en mis parpados haciéndolos pesados. Tan pesados que se me cierran sin que yo lo ordene. Tan pesados que hacen que me caiga al suelo y no pueda levantarme. Y la lluvia de estrellas me golpea y hace que me convulsione. Leer tu nombre provoca mil desprendimientos de tierra, ochenta amagos de explosión nuclear. Y dicen que tu cabello derrite los polos. Y dicen que tus labios producen sequias y sube la marea cuando besas. Pero solo besas a las promesas imposibles, a las viejas tradiciones, a los agujeros de la capa de ozono. Pero no se le puede poner título a tu biografía, ni nombre a tus aventuras entre la escarcha de las mañanas invernales. Torbellinos sobre el papel. Y aguanieve sobre el asfalto.

Y la gota fría del despertador me despierta de mi pesadilla. Y ataviado con tormentas tropicales me interno sin linterna en tu termo de café. Y robándole al plenilunio sus últimos mordiscos dibujo un amanecer de estepas áridas. Me muevo sigiloso como las gotas de rocío entre la densa actividad mecanizada de la madrugada. Me doy a la fuga si el desayuno no concuerda con las tormentas de arena que tenía en mente el día anterior de ver morir a mis ilusiones. Y si huyo de tus miradas de cristal y hielo es porque no quiero que suba el nivel del mar en mi corazón. Demasiado encharcados están mis pulmones por los mares de lágrimas que lloro hacia dentro como para preocuparme de un corazón que se ahoga. Y si no hago caso cuando me arrancas la piel a tiras es porque el tiempo cubre de niebla mis sentidos. Amenaza con desprendimientos de roca este nuevo día. Amenaza con arenas movedizas el abrazo que me quieres dar. Y rodando transcurre el día, rodando en una tormenta que no tiene final. Que solo acaba de comenzar.