miércoles, 30 de diciembre de 2009

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Suena de lejos una leve canción, una trágica historia acompañada de un vals apagado cuyos bailarines son la locura transitoria y un mal momento. Y bailan alrededor de una hoguera de fuegos azules y verdosos cuyo humo crea figuras de animales salvajes y de tiburones tigre. Bailan durante horas y no se cansan y tampoco se miran a los ojos, pero sí sonríen como si fuera lo único que saben hacer decentemente aparte de bailar. El suelo de mármol negro sobre el que bailan no se resiente ni se queja, solo llora viéndoles bailar, recordando todos sus años gastados en ser suelo, en no tener una vida real, en solo ser un suelo de mármol colocado en un extraño paraje. Y mientras bailan, durante toda la eternidad, alrededor de la hoguera, un techo abovedado cubierto de estrellas, sostenido por columnas creadas con telas de araña les protege de la lluvia. Una lluvia ácida. Una lluvia torrencial producida por la rabieta de un niño. Una lluvia helada y abrasadora al mismo tiempo. Pero los bailarines no hacen caso ni de la lluvia ni de los elefantes que desde fuera del recinto les observan con ojos pétreos y brillantes junto a otros espectadores que en silencio dan vueltas de campana y se encabritan, y nadan a braza en ríos de melancolía y regalos que nadie quiere, en aguas estancadas que no engañan a nadie, llenas de algas y botellas de champagne.
Y muy lejos de allí la luna, con el corazón roto, con sus cráteres desmoronándose, sueña con bailar un vals. Y aún más lejos un violín sueña con sacar a bailar a la luna al lado de una hoguera, sobre un suelo de mármol techado por una bóveda cubierta de estrellas, observados por los seres más extraños, mientras afuera llueve a cantaros. Como si fuera el final de un cuento de hadas a la inversa. Como dos fantasmas que miran su propio funeral. Como un incendio que devasta un palacio. Como cuando las dudas galopan sobre estepas heladas en Siberia. Como el mensaje subliminal de un vals maldito.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Marcada

Quién habría dicho que acabaríamos así… Tú, yo, la luna llena y la noche más larga de mi vida. Al principio sólo estaba yo, claro. Tú llegaste después. Aunque llegar es un eufemismo para lo que pasó realmente: tú irrumpiste. Sin preguntar, sin avisar, sin ni siquiera presentarte… Te plantaste en medio de mi vida y le diste la vuelta por completo. No sabía que algo así podía suceder en tan pocas horas, pero lo cierto es que no pareces el tipo de persona que vive despacio. Quizás seas como los viejos rockeros, y sigas su mismo lema: vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver. Aunque lo cierto es que disfrutas tanto de la vida que no creo que tengas valor para abandonarla temprano.

Cuando esta larguísima noche comenzó, ni siquiera tenía ese nombre. El sol seguía brillando en el cielo, que ya tenía el color ocre de la despedida. Cuando salí de casa, con prisas, como siempre, la luz aún jugaba al escondite entre los altísimos edificios. Yo me peinaba con los dedos y me ponía color en los labios, dando los toques finales a mi imagen. En ese momento, atareada como estaba, no alcanzaba a imaginar que al final de aquella noche mi vida, y yo misma, sería totalmente diferente.

Todavía no sé qué hiciste, qué dijiste, qué resorte tocaste, para transformarme en una persona completamente nueva. Quizás fuese tu olor, esa mezcla suave de colonia y cálido chocolate que te hacía parecer recién salido de una pastelería. Quizá tu sonrisa, tan abierta, como si nunca te hubiesen hecho daño. Quizá fue simplemente saber que, después de esa noche, no te volvería a ver. El tener tan poco tiempo para conocerte, para que me conocieses, para dejar una huella en tu vida de la misma magnitud que tu sello en la mía, me cambió.

Estoy marcada. Ahora, cualquiera que me mire sabrá que te conocí y te perdí.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Borges nos puede servir como modelo de escritura. Lo que dice en estos versos, como línea de actuación para nuestras vidas. Feliz Navidad, blogueros azules.

viernes, 18 de diciembre de 2009

La chica de los zapatos rojos

El mundo parecía muy grande esa mañana, ella pedacitos pequeños dentro de esa maraña. Se veía desdibujada y nimia, solitaria y tímida entre paredes difícilmente abatibles. Caía una irrisoria llovizna, pero pasados los minutos comenzaba a calar su suave chaqueta negra y a motear sus vaqueros, hasta oscurecerlos en un todo azul marino. El cielo era un intempestivo melangé de grises, blancos y torrentes de sol, colándose de pronto, como faros sin puerto.

Su carita era una mota circular de ternura, con los labios carnosos, pequeños y rosados. Como puertas para grandes palabras hace tiempo silenciadas. Ojillos grandes, de pestañas finas y profundamente negras, como sus cejas y su pelo, oscuro y lacio. Sus iris verdosos y pardos, otra mezcla de belleza, como el cielo, quizás con esos mismos rayos de luz, saliendo de la profundidad de su mirada, callada.

Tenía unas patitas finas, piernas cortas pero estilizadas que la hacían parecer más alta. No lo era. Como tampoco especialmente delgada, aunque nada de eso pareciera tener importancia al verla allí sentada, en medio de la calzada, con las piernas flexionadas y arrebujadas entre sus brazos. El tronco inclinado hacia delante, la vista perdida entre la concavidad de sus extremidades y el pelo lacio sobre las mejillas pálidas. Los dedos entrecruzados, fuerte, las manos entrelazadas, los codos flexionados en el abrazo. La sensación de recogerse sobre sí misma, de ser una mota más de aire que pudiera echar a volar y pulular en el viento, partir a la mar. Sobrevolar el océano del mundo, aquel tan ancho y largo. Aquel tan grande e inmenso. Aquel…

Y desde lejos, desde el cielo amplio y basto, y también inmenso, solo se veían sus zapatos rojos. Una Dorothy sin OZ, esperando un tornado que la lleve a casa. Dónde nunca ha estado.

martes, 15 de diciembre de 2009

Amigos invisibles/visibles

A la búsqueda del recuerdo...


Ligado al tema de los amigos (visibles o invisibles), hoy vamos a echar la vista atrás hasta el primero de los recuerdos que tengamos de uno de ellos y, desprovistos de toda nostalgia, lo contaremos en 3ª persona. Lo importante es ver cómo podemos distanciarnos de nuestra propia historia.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Aquella playa

El nivel del mar sube y baja. Despacio. Continuamente acaricia aquella playa. Se acerca, se aleja. El agua reparte espuma entre la arena. El cielo cada vez más nuboso y una brisa cada vez más furiosa hacen que las olas aumenten su agresividad. Volcando su violencia en la playa. En aquella playa que un día nos vio jugar y pelear, sentir y sufrir. Hoy ya nadie la visita, parece que nadie quiere saber nada de ella. Como si el mundo entero se hubiera puesto en su contra. El único vestigio de que en algún momento alguien estuvo allí es una vieja barca blanca y abandonada, unos trozos de madera mojados, y algunas redes de pescar olvidadas por algo más que el tiempo. Si miras con atención veras que la playa solamente está habitada por unos cangrejos ermitaños despreocupados y locos, ciegos e iletrados, con la única esperanza de encontrar una mejor vivienda en tiempos de crisis. Las gaviotas sordas y tranquilas descansan sobre la arena, fría y antigua. Los sonidos que emiten crean una sinfonía extraña y mágica, me hace pensar en ti y en mí. En lo que hice bien y en lo que hice mal durante mi vida. Me hace preguntarme por qué he hecho tantos kilómetros para venir aquí, y aún mis pies no han tocado la arena. Puede que se me haya ido el valor en el último momento. Siempre me pasa igual. Hay tantas imágenes y tantos tesoros encerrados aquí que me agobian y me entierran vivo. Se agolpan en mis parpados y en las yemas de mis dedos. Veo esos recuerdos cobrar vida y reproducirse delante de mí. Mis lágrimas brotan de mis ojos y caen al vacio pero el viento las va meciendo hasta manchar las conchas que se encuentran a poca distancia de mí. El ruido del viento, como el fa sostenido de una flauta dulce, llega hasta mis oídos contándome los secretos que un día me fueron relatados en este mismo lugar. Cierro los ojos. Aprieto mis nudillos hasta que me duelen las manos. Clavo los pies con fuerza sobre la tierra. Mis recuerdos siguen reproduciéndose delante de mí. Como si viera la obra de teatro de mi vida. Veo como te acercas al mar, llueve pero a ti no te importa. El agua te empieza a cubrir despacio, los tobillos, las rodillas, las caderas, los hombros. No te has dado cuenta de que el mar esta vez es distinto. No te has dado cuenta que a cada paso que dabas, era un paso que te acercaba a no poder salir fuera del agua. La corriente quería llevarte hasta sus entrañas, hasta su corazón. Quería que fueras parte de su colección de barcos hundidos y de oro cubierto de algas y coral. Nuestras miradas no tuvieron que encontrarse para que yo comprendiera que ocurría. Me dirigí al agua a toda prisa, tu gritabas que no, que no iba a poder sacarte. Que moriríamos los dos. Yo demasiado joven y demasiado terco, demasiado enamorado como para hacerme a la idea de que podía perderte, no te escuché. Llegué hasta a ti justo cuando las manos de Poseidón te agarraban de las piernas y te intentaban sumergir en su reino. Llegué hasta a ti y el agua se calmo. Como si hubiéramos ganado alguna clase de combate que aún hoy no llego a entender. Te saqué fuera del agua y te llevé hasta tu casa al otro lado del muelle. Nunca más te volví a ver.

Cojo una piedra y la tiro con fuerza al mar, no hace rana, nunca he sabido cómo hacerlo. Solamente se hunde. Y hace que el agua se salpique a sí misma. Se abre un claro entre las nubes. Unos tímidos rayos de sol chocan contra el agua creando unos curiosos reflejos. Nunca había visto esta playa así. Entre la calma y la tormenta. Como un campo de batalla sin heridos, como llorar de alegría. Respire el ambiente de la playa y sentí como los nervios me rasgaban los pulmones y las alas. Sonreí y di un paso, toque la arena, di otro más. Me dio la impresión de que lejos, en uno de los alejados extremos de la playa había otra persona que al igual que yo superaba algo que siempre había estado clavado en su corazón. Me mojé los pies en la orilla. Había vuelto tantos años después a esa playa solitaria y marchita. Por fin había vuelto.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

¿Por qué?

¿Por qué?. ¿Por qué todo el mundo tiende a aprovecharse de cualquiera que sea un poco desprendido? ¿Por qué en esta maldita sociedad toda persona que no es caradura está en peligro de ser timada, y de hecho, aun estos han de andarse con ojo?. Quizá sea porque nos han educado de esa forma, diciéndonos que en la vida el que no es fuerte es aplastado, el que no es hábil es timado y el que no es pícaro y se busca la vida no llega a nada.
¿Acaso miles de años de historia no nos han enseñado que una sociedad no precisa de fuerza o pillería, sino de justicia y raciocinio? Es una pena, pero cada vez más estas últimas cualidades se van dejando ver menos, sustituidas por los favoritismos, la estupidez y la holgazanería.
Libros como fahrenheit 451 ya nos mostraban hace años lo que en aquella época parecía una antiutopía, pero que cada vez es más real. Los libros por ahora solo se dejan apartados por la televisión y los juegos, pero quien sabe si estos no serán prohibidos en algún momento, impidiendo que la gente piense por sí misma. Que en un alarde de garrulería por parte de algún anormal se comience la quema de estos y con ellos siglos de conocimiento y creación literaria.
¿Es tan exagerado lo que digo?, ¿no es verdad que las calles están cada vez más vacías de libros y más llenas de gente que se muestra feliz de no leer, ni lo exigido en colegios?, o peor aún es cuando afirman leer, pero en realidad solo ojean revistas que nada tienen que contar. Por no hablar de la dificultad de estos para hablar correctamente un idioma, incluido el suyo propio, no sabiendo usar bien los tiempos verbales, ni la mitad del extenso vocabulario de que dispone su idioma.
Los pocos lectores que quedan deberían hacerse oír, y hacer entrar en razón a la terca población, hacerles comprender que un libro puede no ser aburrido, sino todo lo contrario. Pero claro, para que van a hacer caso, si al parecer cuanto más estúpido y más te dejes llevar por la corriente más lejos vas a llegar. Incluso a lo mejor tienes “suerte” y consigues que un programa del corazón te fije como objetivo y puedas conseguir kilos de dinero por hacer insulsas declaraciones.
Claro, esta vida solo presenta ventajas, pero en el fondo, toda esa chusma no son ni personas, subsisten y poco más, pero ¿para qué tenemos la capacidad de pensar si no la usamos? ¿Acaso la especie humana llego a gobernar el mundo por la fuerza? No, claro que no, probablemente casi cualquier especie esté mejor preparada para la caza, pero sin duda, ninguna tiene esa capacidad que la gente decide ignorar a favor de su “popularidad”, de sus “cinco minutos”. ¿De verdad compensa?

en defensa de... especuladores y demás ralea

personajes en orden de aparición:
-EL JUEZ(imparcial e inamovible)
-EL FISCAL(gordo y con tirantes)
-EL ABOGADO(gordo y con pantalones por los sobacos)
-DIOS(el cristiano, del amor, sabes)
-KALI, DIOSA DE LOS OCHO BRAZOS(azul y... con ocho brazos, ya sabes)

J-que empiece la sesión: ciudadanos furiosos contra banqueros y asociados S.L. Señor fiscal, empiece su acusación.

F-gracias, Señoría. Mis clientes están muy indignados con los acusados por su forma de monopolizar el poder del mundo, acaparar todo tipo de bienes materiales y su desprecio general por los que no pertenecen a su asociación.

A-protesto, Señoría, los actos enumerados no constituyen ningún delito.

J-denegada. Este es el tribunal de los dioses, no juzgamos lo que es legal según vuestras normas, sino según las nuestras.

A-entonces,¿por qué los abogados no son dioses también?

J-¡porque somos caprichosos y ridículos! y si sigue interrumpiendo abriremos un expediente contra usted, ¡denegada! ¡¡denegada!! (golpea furiosamente con el mazo) ¿algo que alegar?

A-pues sí. Es cierto que mis clientes esclavizan el mundo y lo someten cruelmente bajo su yugo, pero admitan que por lo menos son meticulosos: La mayoría de la gente no lo sabe o bien no le interesa, y viven en la feliz ignorancia.

F-¡protesto! ¡Eso significa que hay ocultación de la verdad, una mentira!

D-y eso es pecado, por lo tanto, ilegal

K-¡no según mi religión, capullo!

D-claaaro, crees que como tienes ocho brazos eres guay y puedes llevar la contraria siempre ¿no?¡te voy a enseñar la furia de Dios!

J-a ver, siguiente alegato ¡y ustedes, dejen de entablar guerras santas ya! (a DIOS y KALI, que ya dirigen sus ejércitos el uno contra el otro)

A-en segundo lugar, puede que mis clientes sean promotores directos o indirectos de todas (o de la mayoría de) las guerras entre especulación, venta de armas, dictados religiosos y cosas del estilo pero ¿no es menos cierto acaso, que de algo tienen que vivir la ONU, los soldados, y demás parafernalia?

F-¡protesto! ¡defienden la creción de puestos de trabajo mediante condiciones de vida inhumanas, completamente adversas, incluso la muerte en muchos de los casos!

J-denegada, también las fábricas de sellos y generalmente cualquier producto japonés...

K-(con naturalidad)además, yo tampoco veo del todo mal eso de la guerra...

D-(tratando de contenerse)se está rifando una y tú tienes todas las papeletas...

J-¡tranquilidad en el jurado! (golpeando furiosamente sobre la mesa) abogado, por favor, prosiga.

A-muy bien. para seguir, alguien tiene que especular con el precio de los diamantes y demás productos para crear pobreza y hambre

J-¿está usted seguro?

A-bueno, puede que no, pero... Alguien tiene que devorar bebés, y si no somos nosotros, ¿quién va a hacerlo? (el juez lo mira con cada vez mayor extrañeza)

K-(riéndose)tiene gracia que hables de eso, porque yo el otro día...

D-bueno, ¡basta ya! ¡esta vez te la ganas, prostituta azul multibrazos! (lanzándose furiosamente sobre ella) (se desata una batalla campal entre los dioses:Thor le parte la crisma a Poseidón con una silla, y Zeus empala a Buda mientras no mira. Acusados y acusadores, no saben dónde meterse)

J-(ajeno a su alrededor)declaro este juicio inconcluso. Como los dioses somos caprichosos, ridículos, y no me apetece pensar... decreto un Apocalipsis/Ragnarok/Kaliyuga/etc. y cuando la Humanidad se desarrolle de nuevo, ya veremos lo que pasa (dando tres martillazos). Siguiente caso: Jesucristo contra Burguer King

martes, 8 de diciembre de 2009

En defensa de...

Este miércoles 9 de diciembre, vamos a tomar postura por algo. Nos pondremos reivindicativos para defender lo que cada uno quiera. El caso es ser convincente, apasionado, radical, ¿un poco manipulador si fuera necesario? En prosa o en verso, ya sabéis.
Como ejemplo, os daré mañana una defensa de los Reyes Magos que encontré navegando por internet (no es mía, por lo tanto). A ver qué os parece.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Aún... pero nunca.

Hacía tiempo que no la veía, que no sabía nada más de ella que su nombre, aquel que una vez coronó con belleza cada una de sus frases. Amelia. No acababa de entender por qué razón la vida acababa separando a las personas, como si transitaran un túnel cuyo suelo no pudiera evitar moverse y no pudieran tampoco, evitar dejarse llevar. No tenía recuerdos de ella, porque nunca dejó nada material o inmaterial que recordar. Ningún libro, ninguna carta, ningún CD, ningún video donde pudiera escucharla reír de nuevo, nada. Sin embargo, a pesar de los años y del peso inmarchitable del olvido, podía ver con claridad sus ojos verdosos y brillantes regurgitar pequeñas secuencias de luz, dentro de aquella habitación de sombras que era su memoria.

Aún guardaba su sabor a menta y su perfume de tinta sobre hojas de papel. Guardaba su eco de sonrisa y su mirada en los espejos. Guardaba su tacto de agua, como un dulce arroyo. Su voz caliente, tostada. Sus pies descalzos y su rastro de arena. Su luz y su mirada al pasar de una novela a otra… Ella siempre fue un esbozo inacabado, una sorpresa constante, una canción rock. Fue el cielo nocturno en sus noches de insomnio y el paliativo de toda enfermedad. Fue angustia y miedo, fue amor, sexo, deseo y comedia. Ella fue pauta y camino. Ella lo fue todo.

Lo fue todo para él.

Y aún así, la olvidó.

Porque él no fue un hombro ni un apoyo, no fue un amante ni su poeta enamorado, no fue ni valentía, ni arrojo. No fue embrujo, no fue su mano resguardada en su mano, ni su mundo, ni sus ojos. No fue verdad ni mentira, no fue un abrazo ni una buena historia. No fue hipocresía, no fue un beso, no fue su esencia a menta, ni su alegría. No fue un amigo, no fue ni siquiera un desconocido. Fue un habitante de su universo, un transeúnte enamorado de su magia, de su suspiro. Fue un reflejo de sí mismo.

Y los dos existieron protagonizando el mismo cuadro, la misma página, la misma palabra de un renglón, la misma canción, la misma secuencia corta o larga, el mismo aire y la misma lluvia. Tocaron la misma nota y la dejaron suavemente volar. Viajaron al mismo lugar, más o menos veloces. Miraron un mismo horizonte, pero nunca se tocaron. Nunca fueron uno, uno del otro. Dos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

...

Cuando nació los pájaros entonaron baladas y los planetas se volvieron locos. La luna era llena y el mar estaba en calma. La hierba la inundaba un leve rocío. Y sus sollozos al nacer se contrarrestaban con dos enormes sonrisas de sus padres.. Parecía las torcidas líneas y cubiertas de lágrimas de una carta de amor y tristeza de un soldado en la Segunda Guerra Mundial que nunca llegó a su destino.

Cada vez que sonreía mil palomas mensajeras se extraviaban, confundían sus mensajes escritos con mensajes radiofónicos. Cada vez que sonreía se producía un eclipse de sol, brotaba una semilla, resucitaba un hada. Aunque su carroza nunca fue una calabaza, ni sus zapatos fueron de cristal nunca quiso tocar una rueca, ni morder una manzana roja. Tal vez no fuera una princesa, tan solo un peón que se corono reina de corazones. Nunca conoció a su príncipe azul pero a lo mejor fue porque no lo necesitaba, se contentaba solo con que la quisieran, no era necesario el título nobiliario ni el color.

Se escondía entre arbustos, entre jarrones japoneses y flores de loto, entre hoy y mañana. Corría por el jardín radiante y feliz cuando nevaba. Si la daban cancha hablaba sin parar y tenía una facilidad especial para mantener en tensión a su público. Si hacer reír era una virtud, ella era todo un prodigio. Solía imaginar que viajaba a otros lugares, a otros países. Imaginaba los olores, los colores de las luces, los distintos idiomas y culturas acariciando sus oídos. La lluvia en Paris que mojaba sus pestañas mientras veía la Torre Eiffel desaparecer y aparecer en plena noche. El sofocante calor de agosto al pasear por una Roma reservada solo para ella. Soñaba con pisar el océano Pacifico viendo cómo las olas gigantes solo hacían el amago de llevársela consigo y caminar por Hollywood pensando que era Marilyn Monroe. Soñaba antes de dormir y mientras dormía. Y soñando se la paso la vida, como se consume una vela que no se ha apagado a tiempo, como una montaña se va gastando poco a poco por la erosión. Se la paso la vida sin apenas enterarse, no la dio tiempo a reaccionar ante el lento pero a la vez fugaz paso de los años. En el tiempo en que un enamorado tarda en suspirar a ella se le pasaron cuarenta y cinco años.
Un día se miró al espejo y en vez de encontrarse a esa chica de veinte años se vio de bruces contra el rostro de la vejez. No podía comprender qué había ocurrido, ayer mismo saltaba entre azoteas y confeccionaba atardeceres. Fue como si algo hiciera crack dentro de su cuerpo. Y una lágrima broto de sus ojos y calló por su mejilla, como si un torrente bajara por una montaña agrietada y seca. Solo fue una lágrima, pero una lágrima que condensaba una terrible tormenta, un mar embravecido y furioso, una catástrofe natural. El reflejo de lo que ocurría dentro de ella, en lo más profundo de su corazón. También tomo consciencia de todo lo que tenía alrededor. Como aquella película en la que alguien se acuesta y cuando se levanta tiene una vida totalmente distinta. Vio que era viuda, que tuvo hijos y estos la dieron nietos. Nietos que habían heredado de ella la magia de soñar y el don de la risa. Y abrazó su nueva vida, como el abrazo que se da a un amigo de la infancia al que hace años que no se ve, como una pareja se abrazaba mientras Pompeya se tapaba con un manto de cenizas. La atención que no pudo dar a sus hijos lo invirtió en sus nietos, les conto historias, les enseño todo lo que sabía, les crió como a ella la hubiera gustado ser criada. A sus hijos les mostró el amor que no pudo mostrarles. Ella lloraba a cada anochecer, viendo las fotos de su boda. No recordaba nada de eso, nada de su matrimonio. Solo se recordaba mirándose a un espejo, y más hacia atrás solo había niebla, hasta que volvía a encontrarse con la joven soñadora y feliz, que escribía poemas en las servilletas de los bares, y lanzaba besos a las flores.

Murió mientras dormía unos años más tarde, rodeada de sus hijos y de sus nietos. Ellos siempre la guardarían en su corazón. La herencia más importante que les dejó a todos es que debían tener cuidado con los sueños. Mejor centrarse en cumplirlos y no imaginar cómo sería haberlos cumplido, o te mantendrás en pause hasta darte cuenta de que te has perdido lo mejor de la vida. Y mañana siempre es demasiado tarde para arreglar las cosas y cumplir los sueños. Y mañana siempre es demasiado tarde para volver a hoy.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Participación en el V Congreso de Innovación Educativa

El pasado viernes 27 de noviembre, muchos de lo componentes de "El Hilo Azul" participamos en la presentación del Taller en el V Congreso de Innovación Educativa, organizado por Fundación Telefónica.
A continuación os pongo la dirección de la página. Una vez dentro, debéis buscar en el programa que sale a la derecha hasta encontrar nuestra intervención. A ver si hay suerte y lo encontráis con facilidad.

http://mediateca.fundacion.telefonica.com/vod-publico3/show.asp?numero=000-vconinteducared-328

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sinestesia

Me senté en el borde del tejado mientras las gotas de lluvia cantaban su suave melodía en mis pupilas; saboreé la insipidez del agua y escuché los colores de la transparencia del viento, que azotaba mi castillo de piedras grises y almenas enmarañadas de cables, como un reino de arañas de humo.

Pensé en la vida y en la muerte; en el aroma de la caída en un final absurdo y en la luz del puño estallando contra la roca.

-La vida son dos días- me dijo el destino.
-Nuestra cita ya está pactada -me recordó la muerte.

Al primer día esparcí los huesos del destino por las calles y al segundo aguardé a la muerte a la salida de un bar de copas e iluminé sus gritos de dolor con rojas luces de neón y saboreé el fin de su vida con mis nudillos.

Decidí marcharme con lo puesto, para no volver.Decidí no parar hasta conseguir la nada, hasta poder guardar los segundos en el bolsillo remendado del pantalón y no saber que habían existido las horas.

Aplasté la brújula contra mi frente para perder el rumbo y apagué todas las farolas mi paso para no ver jamás el camino de vuelta, asegurándome de que los cuervos se comían las migas de pan.

Me alimenté de los deseos del siguiente horizonte y me sacié con los amaneceres para no recordar jamás el sabor de la luz del sol.

Borré de mi mente el olor de los recuerdos, que traían canciones de días antiguos, de copas de luz que se beben entre el ruido de las sombras.

Encontré el desierto y decidí congelar el sabor de mis pasos en cada huella y así no ser olvidado por las dunas. Encontré el mar y caminé sobre las aguas y teñí el olor de la sal de sangre y cubrí el fondo marino con nubes rojas y púrpuras.

Anduve todos los pasos que se pueden andar en esta tierra: de las selvas a los polos y de los cielos al infierno.
Hablé con el mudo Centro de la Tierra y juntos narramos historias que ya habían ocurrido, que nunca llegarían a su fin o que jamás existieron; pero el silencio me ensordeció y decidí ascender.

La luna me ofreció su suave cuerda de rayos luminosos y chillones. Juntos compusimos canciones que olían a lo que nadie jamás a olido y las metimos en preciosos botes de cristal de colores para dar sabor a nuestras cenas a la vera de las estrellas y así poder palpar sus poemas; pero los olores abrasaron mi lengua y mi piel y decidí caer en el universo.

Allí lo vi todo, pues solo había la nada, allí desgasté mis zapatos contra el vacío, Allí reventé mis tímpanos con la sinfonía de las nebulosas. Allí quemé mis globos aculares intentando engullir toda la luz de la materia oscura, allí mi piel se quebró en pedazos intentando atrapar el límite de lo que existe y dejé de oler el macabro grito del BIG-BANG.

Allí mi destino me encontró junto a la muerte y estallé en polvo en una última y maravillosa carcajada.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sinestesias y otras palabras.

La primera vez que oí la palabra sinestesia fue en una clase, pero no de lengua. Fue en mi primera clase de dibujo técnico, cuando la profesora, nada más entrar en el aula, se golpeó el pecho y, señalándonos, dijo:

-Os quiero, chicos.

Aquello ya anunciaba sus futuras y grandiosas idas de olla pero, por si fuera poco, al terminar de pasar lista, comentó:

-Ah, por cierto, a mí me pasa una cosa muy curiosa... Cometo sinestesias -y, ante nuestra cara de extrañeza, aclaró-. Sí, mira, por ejemplo a ti, Ana, te asocio con el azul; y a ti, Sergio, con el sabor a nuez moscada...

Desde entonces sé que estoy haciendo una sinestesia cuando pienso que esta caricia tiene el sabor amargo de una Novena Sinfonía desafinada; o cuando recuerdo el tacto ligero de tu voz sobre mis hombros desnudos en aquel primer te quiero; o al evocar el olor a lluvia de tus besos.

No es que sea extremadamente poética, ni que quiera realzar tus innumerables virtudes con palabras especiales; es que recluirte a un solo sentido sería como encarcelar al viento. Por eso no puedo decir que tu risa es estruendosa, cuando huele a hierba mojada, ni podría hablar de tus manos frías sin mencionar que están tocando una sonata en los trastes de mis dedos.

Si tuviera que explicar cómo hablas, diría que pintas tu aliento de colores impresionistas y, para aproximarme mínimamente a lo que sentí la única vez que te he visto llorar, debería usar palabras como cristales rotos o, quizás, describir los trazos desoladores de Munch.

Tengo práctica en describirte; lo he hecho muchas veces desde que entraste en mi vida, para que la gente entendiese, sin saber tu nombre, lo especial que eras. Desde el primer momento, te protegí como a un tesoro. No te presenté a nadie, no te hablé de nadie, no le dije a nadie quién eras. Quise creer que en el mundo estábamos tú y yo, y el resto de la gente.

Por eso ahora que te vas, que me voy, que nos vamos -pero en direcciones opuestas-, tu mirada no suena a sinfonía de orquesta, sino a sencilla melodía de guitarra. Porque igual que me conquistaste a ciegas y te quise a escondidas, me rompes el corazón sin que nadie lo sepa.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¡¡El blog cumple un año!!

El 26 de noviembre de 2008, tímidamente y con letra pequeñita, apareció la primera entrada del blog del taller.

Desde entonces, ha crecido con la ayuda de todos y casi se ha hecho mayor de edad.

Nuestro "Hilo Azul" nos une cada día con más fuerza.

Gracias y...¡a por el 2º!


miércoles, 25 de noviembre de 2009

La sinestesia

Ven ahora que el tiempo apremia, deja que te cuente, déjame explicarte lo que no se decir de otra forma, que quieres, los jeroglíficos ni la opera son lo mío. Tal vez te sorprendan mis pensamientos azules al caminar por un mar áspero y chillón. De verdad que no lo sé.

Sostenme. Calíbrame. Apártame de tú lado. Chilla conmigo. Estoy harto de tragarme tus conspiraciones, de beberme los malos ratos que me dejan los restos de cortar drogas inexistentes. Visita mi jaula, mis rincones, mi mueble bar, mi armario lleno de vidas. Vidas que estaban de rebajas en una tienda poco importante. Vidas que o no abrigan o ya no me valen. Comprueba si la vieja música de mi tocadiscos está demasiado salada. La sobriedad de mi residencia la compenso con poca resistencia, con sonrisas pintadas en las ventanas y en las puertas. Sonríe al mundo que hay ahí fuera, sonríe antes de marcharte. Sonríe a la cámara. Pinto sonrisas y también maquillo ilusiones. Disfrazo verdades de mentiras, pulo diamantes que no son más que circonita. De vez en cuanto camuflo dudas, corto el viento, hundo tu flota. Pones tu mano sobre la mía y tu contacto es como el chirriar de una puerta, sonoro, como una sinfonía producida por una orquesta desafinada. En realidad tu voz violeta y dorada no me resuelve mis problemas, pero no importa. Habla todo lo que quieras. Habla todo lo que quieras mientras observamos esos estridentes nubarrones formarse encima de nuestras cabezas. Un rugido, miles de gotas de lluvia demasiado incautas, no sé si por la inexperiencia o por la ingratitud, se estrellan por voluntad propia contra un asfalto excesivamente neutral. Corremos, nos paramos, el agridulce cansancio de nuestra carrera nos produce alucinaciones. Saltamos por los aires. La onda expansiva de nuestras emociones golpea el serrín y el verde barritar de los elefantes. Jadeando vuelvo a casa. No sea que la agria nostalgia me encuentre levantado a altas horas de la madrugada. Subo por la escalera, a cada escalón una historia nueva. A cada paso un año distinto a las espaldas.

Enciendo el gas, y pongo a calentar té. El agua caliente desprende un ruidoso humo. Un humo que forma figuras extrañas y familiares a la vez. Unas figuras que desaparecen sin preguntar. Que se desfiguran al intentar atraparlas entre mis manos. Que huyen a toda velocidad como todos huiríamos si dos manos gigantes nos intentarán atrapar. Como huiríamos tú y yo, si ya no tuviéramos ganas de huir. El té está listo, al contrario que yo. Cada sorbo es rugoso y denso. Como el sabor a chicle y a maíz de los buenos días a destiempo. Se acaba el té, empieza la noche. Me convierto en búho, en tinta, en una negra bruma cansada de jugar, de esperar a la espuma, de esperar por esperar. La ciudad suave y dulce al mismo tiempo, palpita corazones y otros engaños, transpira calma y estrés, agujas de tejer y tinte para el pelo, animales de compañía y vodka con limón. Demasiado misteriosa es la ciudad como para pararme a charlar con ella, demasiado carácter tienes tú como para contradecirte. No te digo que no ni cuando niego, ni cuando camino con las manos, ni cuando pienso con la garganta. No me creas, tal vez el olor afrutado y venenoso, turbio y reactivo de mi duermevela me impida hablar claro. Claro que no siempre sirve limpiar con Don Limpio las palabras, tampoco ensuciarlas con polvo y pelusas. La ciudad, tú y yo. El viento, los pájaros y perdigones que carecen de criterio. Minutos, años y cenizas. Gritos rojos, sabrosas sombras y oscuras voces.

Vuelve otro día que hoy no puedo con mi voz. No me responde el contestador automático. No me mira aquel ojo de cristal. El busca no me encuentra, Si no te he aclarado las cálidas dudas, tengo hojas de reclamaciones. Si no se te atraganta la respiración, ni tu tráquea tiene arritmia, vuelve el próximo día. Tal vez encuentre la solución perfecta o tal vez no. No lo sé.

martes, 17 de noviembre de 2009

Las sinestesias


Asociar sensaciones perceptibles por dos sentidos al tiempo: ruido con brisa, salado con suave, caliente con luminoso, azul con balada...
Hacerse preguntas de este tipo,
  • ¿A qué sabe el olor de un perfume?
  • ¿Cómo es al tacto el griterío del patio de un colegio?
  • El olor de un beso es...
  • ¿Era áspera tu canción?
y, a continuación, ponerse a escribir. Nada más fácil, ¿verdad?

Conversaciones de ascensor

–Hola.
–Hola.

Silencio.

– ¿Qué calor, eh?

–Ya ves…

Dos meses. Sesenta y dos días. Mil cuatrocientas ochenta y ocho horas. Ochenta y nueve mil doscientos ochenta minutos. Una eternidad. Nunca se le habían hecho tan largas las vacaciones.
Ahora ha vuelto. Siempre tan tímido… Aunque quién es ella para hablar de timidez, piensa.
Cinco, seis, siete pisos… El suyo. Él sonríe y recoge la pequeña maleta del suelo del ascensor.
–Te he echado de menos…

Sale sin despedirse. Pumpum. Pumpum. Su corazón ha enloquecido.

Le echaría la culpa al calor, pero demasiado bien sabe que los treinta y cuatro grados de fuera no tienen la culpa de que haya contado incluso los minutos que ha tardado volver. Que el sol abrasador no es el causante de esa maldita añoranza que la ha corroído cada noche de este verano interminable.

Mientras las puertas del ascensor se abren en su piso, piensa que algún día debería darse una vuelta por el séptimo. “Yo también te he echado de menos”, para empezar. Una sonrisa, y un “Te quiero”. No necesitaría más.

Pero no va a hacerlo. Es demasiado tímida. Y cobarde.

Siempre bajará en el noveno.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Viaja y vuelve.

No busques ni entre la tierra ni entre los escarabajos. No vas a encontrar nada. Ni sonrisas ni palabras, ni nombres olvidados. Regresa a tu refugio y construye alguna maquina que te avise, que te arrastre al fango. Déjate de bromas y piensa, pon la mente en blanco o en negro o como prefieras. Piensa en el sabor de la sopa, en el mecanismo de un reloj, en como las estrellas no caen contra la Tierra, en nada importante. Descansa, mata el tiempo y al estrés. De vez en cuando viene bien cerrar los ojos para no echar la vista atrás. Y te darás cuenta que es necesario expandir horizontes. Cruzar la frontera de la ficción y la realidad. Resulta agradable salir de la ciudad y viajar con el viento, con las plumas de palomas a otros lugares. A aquellos sitios donde nadie te conoce pero que de algún modo al pisar su suelo ya te conviertes en parte de allí, en uno más durante tu breve estancia. Conoces y olvidas, ves, hueles, paladeas y tocas los muros antiguos de las madrigueras azules, los viejos cañones de madera oscura que defendían las tartas. Cruza las cañerías y las arterias que organizan el lugar. Atraviesa puentes que salvan canales de aceite y licor. Salta barrancos llenos de palacios y torreones color rubí. Conduce tu carroza entre bosques y lagos perdidos, entre cumbres nevadas y desiertos sedientos. Solo eres un extraño visitante. Un ser desconocido. Un espectador que ve una película de ensueño, que solo puede fijar la vista en la pantalla porque no tiene palomitas ni buena compañía.

Sabrás cuando es hora de regresar cuando el ruido del motor suene áspero, cuando el asfalto se queje al avanzar sobre él. Regresar. Regresar es la otra parte esencial del viaje. Algún día hay que volver, cuidado no cualquiera. Todo tiene su momento. Y cuando se produce ese retorno ahí está tu vida, intacta, tal cual la dejaste, como la canción que solo se pausa, con todos sus proyectos a medio realizar. De nuevo saltar de tejado en tejado, respirar gases grises escupidos por los coches, navegar entre los mares de gente cuando sube la marea en hora punta. Vuelve a tu caverna a regar a tus caracoles y alimentar a tus cactus. Quítale el polvo al terciopelo de las bombillas. Quema las cortinas. Abraza a la rutina. Saluda a los buenos días todas las tardes. Piensa tu estrategia, hunde barcos, ríete despacio, casi a cámara lenta con tus cómplices de locuras. Dibuja corazones en los nudos de su pelo. Da pasos de gigante y bébete la pócima que te hace ser quién eres. Vuela alto hasta su balcón y flotando háblala de tu viaje, de tu retorno, de tu instinto.

Sí, volver es una parte esencial del viaje. Hay veces que solo deseamos viajar, y otras veces deseamos volver más que nada. Ir y venir. Es como todo, mejor si lo aceptas.

Flash Forward: Vecindario

Yo solo veía oscuridad. Todo se habia difuminado lentamente hasta que no se pudo distinguir nada. En un segundo después me encontraba en la calle. En la otra acera estaba ella. Con la mirada perdida, como tantas otras veces la había observado desde la distancia. Sus inexpresivos ojos oscuros. Su pelo negro ondeando al viento. No lo pude resistir. Eché a correr hacia ella. Estando en mitad del paso de cebra me paré y mire a la derecha. una luz me cegó y me intenté proteger con las manos. La negrura me envolvió. Cuando desperté, seguía en mi habitación, escuchando música. ¿Me había dormido? Quizás ... era muy tarde. Pero seguía intranquilo. Necesitaba verla. Solamente un instante. Me asome a la ventana y miré las del piso de enfrente. 1º, 2º, 3º ... 4º piso izquierda. Allí estaba, estudiando mientras torpemente intentaba hacerse un moño. No habíamos cruzado una palabra y ya la consideraba perfecta. Cuando volvía siempre observaba lo que hacía. A veces se apoyaba en el alfeizar y hablaba por teléfono, o leía un libro. Otras estudiaba o comía algo mientras escuchaba música. Me encantaba oirla cantar. Su voz dulce llenaba de vida la monótona y triste urbanización. Lo malo era que yo la conocía, pero ella a mí no. Cuando nos cruzabamos deciamos el típico "hola" y "adios". Ni una sola palabra más. Sin embargo, yo era incapaz de olvidarla.
Unos 2 meses despues de mi extraño sueño, ella dejó de aparecer en su ventana. Sus luces no se volvieron a encender. A la semana de este inusual suceso, un cartel de "Se Vende" adornaba el alfeizar de su ventana. Me rompió el corazón. Durante el mes siguiente seguí observando de manera que rozaba la obsesión por si aparecía de nuevo. Un esfuerzo inutil, ya que no volvería nunca más.
Pasaron los meses y no conseguía olvidarla. Su sonrisa. Su mirada. Era mi cruz particular, ya que se había ido con algo más que el equipaje. Y lo peor era que en todos los años que habíamos vivido como vecinos no me había atrevido a hablarla.
Sin embargo, un día mientras caminaba por la calle la ví. Con la mirada perdida, como tantas otras veces que la había observado desde la distancia. Sus inexpresivos ojos oscuros. Su pelo negro ondeando al viento. No lo pude resistir. Eché a correr hacia ella. En mitad del paso de cebra recordé mi sueño. Me paré. Miré hacia la derecha. La luz me cegó. Pero esta vez no me protegí.

jueves, 12 de noviembre de 2009

por él, cuando aún debía lamentarme

Bueno, os dejo esta poesía para seguir conectada virtualmente con el taller, aunque espero ir el Miércoles que viene ;)

Cerrados los ojos
Empieza a nacer
Abiertos los tengo
Sin saber
Que no son parpados de carne
Son sombras del ser
Oscuro, roto hoy como lo estuvo ayer

Tormentosos son los sueños
Que se ven en la noche cerrada
Cerrada de mis ojos
Clausurada la realidad en ese reposo

Odioso el tiempo, odioso
Ayer no pensaba
Como pienso hoy
Que te dejaba
Que bajaba los parpados y te decía adiós

Marchita mi esperanza
Marchíteseme el alma
Se me duerme el corazón
Oscuro, en la noche de mis pupilas sin luz
Miradas opacas, ciegos de golpes
Contra los muros, contra sus caras
Hasta sangrar de tinta sus señales

Madurar se dice de crecer
Cuando no es más que hacerse cicatrices
Me susurran los rotos de sangre sobre mis brazos
Y sin ojos
Ando sin rumbo hasta que amanezca
Si es que el cielo se abrirá

martes, 10 de noviembre de 2009

El primer poema del curso (en el Taller)


Aunque no os guste a casi ninguno, este miércoles nos vamos a emplear a fondo con la poesía.

Tarea:

Escribir un poema que responda a uno de los siguientes títulos:

¡Oh! / Pie / Final / Postre / Susurro / Compañía /Tecla

(Se puede añadir alguna palabra que complete a la elegida)

lunes, 9 de noviembre de 2009

...

Subo uno de los primeros relatos que escribí, a ver que os parece^^.
No se como calificar esa sensación, produce más miedo que el monstruo de debajo de mi cama, más que el eco de mis pasos cuando camino solo, es peor que el insomnio sin buena compañía, más terrorífico que la risa malvada del tic-tac del reloj que te avisa de cómo la vida se nos escapa de entre los dedos. ¡Dios! verte causa más impacto que una bala de cañón, es como un torrente de sentimientos demasiado intensos, como la visión de la libertad a pocos centímetros. Los ojos de una Gorgona que te atrapan, como una tela de araña de hierro candente, te hacen comprenderla, pero pestañea y te sumerge en una inmensa confusión, una confusión que duele, que quema, que no te deja gritar ni luchar. Puede que no haya aguantado suficiente y me haya vuelto loco, porque te veo a ti y alrededor… oscuridad. Más allá de ti solo hay sombras, millones de figuras fantasmagóricas que nos observan en silencio, conocedores de la batalla que está a punto de comenzar, como si supieran que se avecinara un combate entre titanes, un ultimo vendaval. Y esos espejismos endebles, demasiado débiles para dejar de ser inmateriales tienen razón. Un estallido de luz surca mi mente, y un grito desgarrador resuena ¡RESISTETE ESTÚPIDO! Te miro, me miras, enseño los dientes, estoy atento, giramos en círculos, esperando que se produzca ese ataque, parece que ninguno de los dos nos decidimos, nos volvemos a mirar, se oyen truenos, nos iluminan los rayos, nos moja la lluvia, ¿y que importa? Estamos luchando por sobrevivir un día más. Parece que la energía que despedimos va a hacer reventar la tierra, y el huracán de nuestros pensamientos va a congelar el sol y cegar a las estrellas, estamos solos entre millones de espíritus que nos observan impacientes. Las raíces que salen de tus ojos intentan estrangular a las raíces que salen de los míos, tus miedos intenta clavar un cuchillo en el corazón de mis miedos, tus secretos intentan seducir a los míos, tus mentiras intentan violar a mis mentiras. Nunca he visto a dos tornados juntarse, intentar destruirse, pero la violencia con que nuestras miradas toman contacto para destruirse mutuamente, debe de ser lo más parecido. Tu cabello se mueve hacia diferentes lados, como olas de mar a punto de romper contra costas de mármol. Pero de repente el viento deja de soplar, mis miedos más sorprendentes, mis secretos más oscuros y mis mentiras más numerosas, han rechazado tu ataque, tu pálida de ira, te desquebrajaste, partiéndote en pequeños trozos de cristal.
Vencí, pero ahora había algo peor que enfrentarme a ti. Las nubes oscuras de tormenta de la soledad que se acercaban, las miles de flechas que me herían para recordarme que mi alma todavía seguía dentro de mi cuerpo. Miraba alrededor y me entraban ganas de escavar y esconderme en el primer resquicio de cualquier puerta. Las notas de música mareadas chocaban contra las montañas, causando avalanchas, los volcanes lloraban lava, y sus lágrimas de diamante se tragaban a los bosques, los terremotos hacían temblar la tierra, los animales se lanzaban al vacío. Parece que la rabia de la lucha entre ella y yo había invadido todo, la metástasis de nuestra locura se había extendido hasta el cielo, que se rompía en pedazos sobre mi. ¿Ahora qué se supone que tengo que hacer? Parece que todo es irreal incluso el color ámbar de los únicos trozos de cielo que quedan. Se suceden explosiones nucleares en los desiertos, y los pájaros me echan la culpa de todo, dicen que la destrucción que inunda mi sangre les ha sumergido en el caos.
Me paro a pensar un momento, los pájaros deben de haberse vuelto locos, ¿es que acaso ella no tiene la culpa? Su saliva guardaba tanta destrucción como yo en mi sangre, yo solo me he defendido, ¿de qué me tengo que sentir culpable? Si todo va a acabar me voy tranquilo, muy pocos abrían resistido el fuego de su mirada, el hielo de sus labios, el deseo de sus manos, y seguirían vivos para contarlo. ¿Tendría que haber muerto yo? ¿Habría importado algo? Seguramente todo sería igual.
Avanzo con la elegancia de una pantera, entre las llamaradas de ideas que impactan contra todo. Es extraño te siento cerca, pero se que es imposible, acaso que Caronte como acostumbra no me haya hecho el favor de llevarte en su Rolls Royce al otro lado, me giro, y me sorprendo, y no me refiero a que no estés tú, eso lo esperaba, lo que me sorprendió fue que todo se estaba rehaciendo, todo volvía a su cauce por terrible que me parezca, los coches dejaban de volcar, las aceras se estiraban de nuevo, las farolas no me odiaban, los bosques brotaban otra vez y los volcanes se tragaban sus lágrimas. Todo, volvía a como estaba antes, como si hubiera dado al botón de rebobinar en una película. Todo volvía a como estaba antes, pero tú, ¿Dónde estás tú? ¿Acaso te escondes? ¿No has vuelto a la vida? Dime que si, bríndame la posibilidad de enfermarme a ti otra vez y poder perder.
Pero no, tu nunca has tenido piedad, como los enemigos del colegio, como aquella primera vez en la que te das cuenta que la vida no esta creada a partir de una masa de alegría que también tiene tristeza, y odio, y sangre, que no todo es igual para todos, no tienes piedad como las cuestas arriba, como la vejez, como el cristal demasiado frágil, como cada vez que nos rompen el corazón, solo albergas hielo, eres la psicópata perfecta, haces más daño que el Alzheimer y nunca tienes bastante, pero sin embargo no vuelves a la vida.
Siempre había estado solo, pero nunca había sufrido esta soledad asfixiante, ¿que se supone que tengo que hacer?, no se a donde ir, las buenas ideas han desaparecido de mi mente, parece ser que no eran buenos compañeros de piso, y la razón se fue, sin despedirse, como una amante casada, casi mejor, no soy buen amigo de las despedidas, ¿lo ves? Cada día que pasa estoy más solo, se que si mi corazón no tuviera un muro de costillas rodeándole se habría marchado hace tiempo, y si no fuera tan vago, las ganas de vivir ya me habrían mandado varias postales desde Moscú. ¿Cómo eres tan cruel que tu espíritu no cobra vida, por seguir viéndome sufrir? Todo hay que decirlo si hubiera sido al revés, si tú hubieras salido triunfante, yo habría hecho lo mismo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

FLASHFORWARD "el golpe"

Cuando su cuerpo cayó desplomado sobre el suelo, la visión ya había comenzado, lo hizo en el momento justo en el que la primera imagen turbó su vista y el túnel apareció. Ella iba en el metro, se palpó el abrigo y notó el contorno de la pistola, la luz parpadeaba mientras su cuerpo se contorsionaba entre otros tantos, era tarde y aún así el vagón iba lleno. El aire estaba enrarecido y le costaba respirar, tenía ganas de correr, su mente desprendía más calor que la fruición de las vías, era como metal contra metal.

Llevaba el pelo suelto, con la melena corta y negra enmarcando su rostro afilado, los labios de un pálido color carne no destacaban, a pesar de su trémula sonrisa. Alicaída dejó su reflejo flotar en la puerta de plástico sin que sus ojos siguieran observándolo y movió sus pies, embutidos en unas botas de piel roja. Estaba demasiado inquieta, insegura, hervía en preguntas cuya respuesta nunca obtendría. Le odiaba.

El tren se detuvo y las puertas mecánicas se abrieron sin un solo chirrido. La masa la empujó y ella supo deslizarse con elegancia, subió la escalera y esquivó como un animal de presa cada cuerpo que se interponía delante de sí. Y entonces algo la golpeó, un chico joven se tropezó y sus hombros se chocaron. Fue un golpe seco y fuerte, parecía ir con prisa y sin embargo en cuanto la vio, sus ojos verdes se la quedaron mirando. Ella no sabía quién era él, pero aquel chico levantó su mano y la acercó hasta sus mejillas, acarició sus pómulos y frunciendo el ceño en un gesto de extrema tristeza le dijo “deberías hacerlo ahora” y bajó su mano hasta el bolsillo de su abrigo, sacó la pistola y se la puso en las manos, apuntándose así mismo. Ella vio el fondo de su vida en aquellos ojos y entonces despertó.

Su amiga la ayudó a levantarse del suelo y se sentó. Tenía ante sí toda la bahía, con el mar tan extenso como el cielo, nadando en ese tono turquesa que hacía unos segundos había visto en aquellos ojos ajenos. Se palpó el abrigo pero no había rastro de ningún arma. Su amiga la miró tan sorprendida como debía de hacerlo ella misma y preguntó “¿qué has visto?”

Ella cerró los ojos, pero él ya no estaba allí… aún.

Sonrisas

Intenté arrancarte una sonrisa hablando contigo, pero acabamos peleando, enfadados. Somos tan diferentes...

Intenté arrancarte una sonrisa discutiendo contigo, porque decían que tu buen humor de hacía sonreír cuando te llevaban la contraria. Fracasé; no supe decirte que no.

Intente arrancarte una sonrisa llevándote a ver una comedia romántica: todo el mundo se ríe con esas películas. Te dormiste.

Intenté arrancarte una sonrisa hablándote de SawIII: decían las malas lenguas que la sangre y las vísceras sin sentido te hacían mucha gracia. Pero no me escuchaste.

Intenté contarte un chiste, llevarte al circo, hacerte cosquillas, contarte un cuento, decir tonterías... Y tú no sonreías.

Hoy me he rendido y, cansada de luchar, te he sonreído. Tú me has sonreído de vuelta.
ACUÉRDATE
Demasiada escarcha en mi ropa, demasiado polvo en mis zapatos. Mis ojos ya no brillan tanto, mi sombra no me sigue a todas partes. No necesito consejos prematrimoniales ni terapia de grupo. No necesito llevar mi alma encima, ni pensar en ti todo el tiempo. No necesito el antídoto, ni una piruleta después de la vacuna aunque no me amargue un dulce. Puedo andar durante horas y no cansarme, puedo navegar sin que el agua me llegue a los tobillos. Puedo mezclarme entre los colores de mi propia paleta. Puede sentir latir el corazón de los arboles. Puedo dejar el alcohol y el tabaco cuando quiera. Si soy perfecto o no, es algo que no viene al caso. Si tú existes tampoco.

Las voces de dentro de mi cabeza ya no me cuentan cuentos a la hora de dormir. Ni me dan consejos de moda con acento francés. Envejezco y rejuvenezco a voluntad. He vivido cien años y aún quiero más. Cuando hay luna llena maulló y si me tiran un hueso tal vez eche a volar. No me busques las cosquillas porque en mis costados ya no existen ciudades. Tal vez a la hora del té esté dormido. Tal vez mañana no me encuentres acostado a tu lado. Puede que al amanecer me entren ganas de llorar y con los eclipses no pueda parar de reír. Respiro oxigeno y humo de tubos de escape a partes iguales. Siempre me acompaña una puerta a todas partes donde pone en letras rojas salida. Si me llamas comunico. Si me gritas desaparezco. Di tres veces mi nombre y te odiaré. Mándame un beso y no necesitaré más. Me he rehecho miles de veces con productos reciclados. Roma arde en un día y hoy no estoy para bromas. Mi cuchilla de afeitar tiene vértigo y yo me mareo en los aviones. Mi corazón es como una piedra pómez que palpita. Me desmorono cuando me destierran. Suspiro de alivio cuando cae la noche. Viajo de partitura en partitura sin dudarlo. Hablo en colores y olfateo el silencio. Lo siento por pasarte mis facturas, por beberme tu whisky. Siento no ser capaz de sentirlo de verdad. Pero lo siento de todos modos. No me culpes por ser infiel. Déjate de rodeos e invítame a un trago. Escríbeme tu número de teléfono en la mano. Grabemos tu nombre y el mío a fuego en nuestras miradas. Volemos en escobas y convirtámonos en calderos. Gotea conmigo por el suelo. El musgo señala una dirección que no recuerdo cual es, así siempre acabo en un lugar distinto. Llevo siete años con hipo, a todas luces me he ido sin pagar. Si te digo todo esto no es para que me conozcas mejor. Es para que me recuerdes. Ni yo soy tu padre ni soy lo que el viento se llevo. Pero aquí si hay sonrisas y lágrimas. Y si me hablas en inglés tal vez me defienda a capa y espada. Lo que no mata engorda y yo soy adicto al peligro. Tu blusa es de metal y yo soy fuego. Déjame, hoy me he vuelto nostálgico al ver morir a aquellas dos palomas. No pienso con claridad hay demasiado humo blanco en este local. Me confundo con el ambiente, me mimetizo con la moqueta. Puede que mañana nos volvamos a ver, puede que sea la última vez que te diga dos palabras.

Ya sé que no han sido dos palabras, han sido muchas más, no importa, solo era una expresión. Ya sabes lo que quiero decir. Fluyo como todo lo que fluye, por eso no puedo estar siempre en el mismo sitio. Y este lugar ya me parece demasiado seco. Me despido. Mil perdones. Que nada de lo que he dicho tiene sentido me dices. Tal vez tengas razón. Nunca he dicho que no esté loco. Nunca he dicho que hoy sea diferente. Nunca cambiare ni viajaré al país de Nunca Jamás. Me comí a Campanilla por equivocación. Bueno lo dicho, acuérdate de mí. Acuérdate de ese viejo loco que nunca supo como conquistarte. Acuérdate de ese joven que te regalo tantos malos recuerdos. Te devuelvo tus vinilos y tus fotografías en blanco y negro. Te devuelvo las cosas que un día me diste. Pero me quedo con la marca de tu carmín en una lista de la compra que me diste una vez. Hasta luego desconocida. Recuérdame siempre.

En su sofá de cuero verde

Todo va mal: la contaminación ha cubierto de mierda nuestro planeta, la pobreza y el hambre son algo común en cualquier rincón de tres cuartas partes de la tierra y los niños ya no pueden correr tranquilos por las calles de su ciudad, por temor a que un francotirador les arranque las manos de un balazo al intentar coger su pelota; o a que al jugar al escondite sean encontrados por el ¡BOOM! de una mina.
Algunos dicen que la culpa de todo es de los hombres, otros que de las mujeres, otros que de los negros, los gays y las prostitutas, indecentes ellas y blasfemos todos, incumpliendo los deberes de un buen católico.
Pero la culpa de todo queridos señores, señoras, negros, homosexuales y putas...La tiene Dios.
Dios está harto, hasta los mismísimos, de que liemos el asunto. Así que Dios nos ha abandonado, ha pasado de nuestras jetas de Homo sapiens sapiens, se ha tumbado en su sofá de cuero verde y desgastado y hacinándose en el salón con una eterna y perenne caja de cervezas se ha propuesto ver todas las películas de James Bond y Arma letal seguidas; con tan solo una pequeña interrupción cada siete películas para miccionar.

-¿Qué opina de todo este asunto señor Dios?
-¡Quita de en medio, coño!¡Que me tapas la tele!

martes, 3 de noviembre de 2009

Flashforward

Mañana miércoles, nos vamos a inspirar en la nueva serie de Cuatro que supongo que conoceréis. Tomo el resumen de la página web de la cadena de TV:
La historia comienza cuando un incomprensible incidente provoca que los siete mil millones de personas que habitan la Tierra se desmayen a la vez durante dos minutos y diecisiete segundos. En este tiempo cada individuo verá pequeños flashes de lo que sucederá en sus vidas seis meses más tarde. Nadie sabe qué ha pasado, pero sin duda están ante la mayor y más inesperada catástrofe mundial.
Todo el mundo se pregunta qué significan esas extrañas visiones. Algunos sienten miedo por lo que han visto; otros, están deseando que se cumpla. Y tú, ¿qué harías si lo que vieras en tu futuro no te gustara? ¿Tratarías de cambiarlo? ¿Crees que se puede alterar el destino? Piensa y empieza a escribir en el presente, desde el futuro dentro de seis meses o en otro momento, el caso es que aparezca tu flashforward.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Final

El mundo terminaba, me dijo, la lluvia que caía borraba el color de las paredes y el aire se hacía gris, porque la vida expiraba. Mientras las gotas borraban sus propias facciones, me cogió de la mano, me miró y susurró “todo se va, ¿qué quieres ver por última vez?” y cerré los ojos, palpando su cara con los dedos. El agua comenzó a llegarnos a las rodillas y mis párpados se abrieron goteando, nerviosa dije “quiero verte a ti” y cuando el mundo estalló en un último aullido y me besó, le pregunté si ya habíamos muerto.

“Sólo estamos soñando”, me dijo, y me cerró los ojos con sus manos.

jueves, 29 de octubre de 2009

Solución

Y en el momento menos pensado, vio la luz.
Su duda se disipó.
Todo lo que creia sin solución le pareció absurdo tras hallar la respuesta.
Era tan sencillo, tan simple ...
Sin más dilación se puso a escribir.
Y así es como saqué un 10 en Matemáticas.

sábado, 24 de octubre de 2009

Uno por otro

Uno por otro
21 octubre 2009

En equipos de dos, cada uno preguntará al otro exclusivamente su nombre completo. Deberá escribir el nombre en la parte de arriba de la hoja, con letras grandes, seguido de la palabra por y, a continuación, el nombre del autor del escrito. A partir de ese momento, ambos se separan y, por escrito y sin comunicarse con el otro, cada uno debe inventar y escribir en la hoja la historia de su compañero.

Felipe Montes. Taller de escritura. 1303 ejercicios de creación literaria.
Ejercicio nº 164

lunes, 19 de octubre de 2009

Tela de araña

Ya nada tenía sentido; el paso de cada día caía sobre mí como una losa de espesa niebla que se iba condensando a mi alrededor. La rutina, la repetición de cada gesto, cada minuto, cada acción que continuaba a otra idéntica, iba acabando con mi vida poco a poco.

¿Hacia dónde voy?¿Quién soy? Me preguntaba cada mañana...Hasta que dejé de preguntármelo.
¿Me espera algo nuevo, alguna emoción o sorpresa?
Nada, absolutamente nada.Cada mañana era una copia de la anterior: misma cama, misma habitación, misma ventana, con su característico decorado de grises edificios cartón piedra.

Me quedé ciego, no quería ver; me quedé mudo, no quería hablar con nadie; perdí el oído y el tacto y el olfato, las ganas de sentir, el ansia de despertar cada mañana soñando con un día mejor.
Los odiaba a todos, opacos clones de materia inerte y oscura, escoria. odiaba al mundo y a todo su ser, me odiaba mí mismo. No tenía rumbo ni destino, pues para mí ya no existía camino.

La noche se cernió sobre mí, no me importaba; el día seguiría siendo igual de oscuro cuando regresara el sol.
Comenzó a llover, no me cubrí, no corrí, tan solo alcé la mirada al cielo, deseando que la corriente se lo llevara todo consigo y poder por fin estar solo, disfrutando de mis preciadas gotas de lluvia.

Ya no oía, ni los latidos de mi corazón, si es que seguía ahí; ni las risas de los niños en los parques, ni el claxon de los coches...
Sonido metálico, crujir de huesos y carne desgarrada, el reflejo de mis ojos en mil pedazos de cristal y un hilo de sangre deslizándose en espiral hacia la negrura del subsuelo.

Goteo incesante, su eco entre las sombras y el rasgar constante de ¿Una tela? ¿Piel?

-Es alma- Contestó una voz en mi cabeza
-Detrás de ti, mi querido amigo.
Giré sobre las plantas de mis pies y allí estaba: negra y satinada, teñida de rojo y violeta, con ocho patas y mil ojos clavados en mis rostro como alfileres de hielo.

_¿Quién eres? -Pregunté
-¿Yo? Yo soy Rajavarta; la tejedora del tiempo, tu tiempo, la que dibuja tu destino.
-Mi tiempo ya ha acabado, el capó del mercedes negro se lo llevó por delante.
-Tu tiempo acabará cuando yo ya no tenga con qué tejerlo, cuando expire tu alma.
Según decía estas palabras levantó una de sus patas haciéndome ver un hilo azul plateado cuya trayectoria seguí...conducía a mi nuca, a mi cabeza, a mi mente.

-Tu alma no se ha acabado, simplemente se ha secado, ha perdido elasticidad , brillo; como si la más fina seda se transformase en esparto.
-¿Pero para qué quiero continuar mi tiempo? Ya no tengo camino, no puedo verlo, ni oírlo, ni tocarlo, ni olerlo...No puedo sentirlo.
-Te equivocas mi querido amigo. No quieres sentirlo, tu alma se a hundido en tu interior, se ha formado un tirabuzón, tus ojos han perdido su luz y tus oídos han sido tapados junto al resto de tus sentidos.
-¡¿y qué quieres que haga?!
-No hagas nada.Déjame a mí...

Y con una aguja brillante como la luz de la luna desenmarañó mi espíritu y lo cosió a las cuencas hasta entonces vacías de mis ojos, lo enlazó con mis dedos y lo mezcló con mis polvorientas sensaciones.
De repente volvía nacer, observé los mil ojos de Rajavarta y una sonrisa surgió de mis labios. Observé el monótono tapiz de mi vida; lo arranqué con un grito de locura y lo despedacé, y lo guardé todo en una pequeña caja de madera tallada que saqué del vacío paraje que me rodeaba.
El goteo continuaba en la oscuridad, un eco incesante.

Desperté en el hospital, el suero caía gota gota en la vía conectada a mi antebrazo. Me arranqué los cables enganchados a mi cuerpo y me marché de allí para siempre

miércoles, 7 de octubre de 2009

Aquí estamos otra vez

El hilo azul es el hilo de la escritura. El rastro de la tinta sobre el papel blanco, tan semejante al hilo que se emplea para coser. Un hilo que antes que nada es memoria, memoria y promesa de una continuidad. Gustavo Martín Garzo

hilo.
(Del lat. filum).
1. m. Hebra larga y delgada de una materia textil, especialmente la que se usa para coser.
2. m. Ropa de lino o cáñamo, por contraposición a la de algodón, lana, seda o fibra sintética.
3. m. Alambre muy delgado que se saca de los metales.
4. m. Hebra con la que forman las arañas, gusanos de seda, etc., sus telas y capullos.
5. m. filo.
6. m. borde (extremo u orilla). Andar al hilo del estanque.
7. m. Chorro muy delgado y sutil de un líquido. Hilo de agua, de sangre.
8. m. Continuación o serie del discurso, de las acciones, de los sentimientos, de los gestos, etc. El hilo de la risa. Al hilo de la pena.

azul.
(Quizá alterac. del ár. hisp. lazawárd, este del ár. lāzaward, este del persa laǧvard o lažvard, y este del sánscr. rājāvarta, rizo del rey).
1. adj. Del color del cielo sin nubes. Es el quinto color del espectro solar. U. t. c. s.
2. m. El cielo, el espacio. U. m. en leng. poét.
3. m. Méx. Miembro del cuerpo de Policía.
(Diccionario de la Lengua Española. RAE)

Hoy escribimos poquito, pero escribimos porque la escritura es lo que nos mueve a venir aquí.
Combina como quieras las definiciones de las dos palabras que dan nombre a nuestro taller y escribe lo que quieras a partir de la combinación elegida, ya sea relato, poema, reflexión… Dos condiciones: que sea personal y que no se haga para salir del paso.

viernes, 2 de octubre de 2009

EMPEZAMOS

Todo preparado para el despegue de un nuevo curso. Os espero a todos, antiguos y nuevos.
¡¡¡Nos vemos el miércoles!!!

jueves, 10 de septiembre de 2009

¿Hay alguien ahí?


A pesar de los calores, conviene ir refrescando el cerebelo y engrasando el motor para ponerse de nuevo a escribir, ¿o no?
A muchos os veré en breve. Para todos, mi más cariñosa bienvenida a este curso y que los dioses nos sean propicios.
Hasta pronto.

lunes, 27 de julio de 2009

Recuerdos desde Cádiz


Tres días en Cádiz son un aperitivo para conocer esta ciudad que atrapa al visitante por su vitalidad y su gracia.
Yo me he acordado de vosotros también allí .

jueves, 18 de junio de 2009

el VERANO NO es el FINAL ;)

Aunque sea verano sigo teniendo ganas de escribir y compartir, asi que, ahí va...

Creo que a veces somos tontos, idiotas ciegos en un mundo de cielos amplios y simples engaños

Creo que queremos demasiado, que merecemos mucho y conseguimos nada, porque deseamos imposible ya catalogados, en la cabeza ésta que nos culmina; y con definiciones no se alcanzan las esperanzas, solo se alejan, porque se matan.

Creo que a veces estamos ciegos, con los ojos claros mirando hacia el cielo, y la tierra, yerma y clara, se nos agota a cada paso

Creo que a veces nos agotamos, porque pensamos demasiado, desgastando el tiempo, perdiéndolo entre las manos

Creo que a veces no amamos suficiente, porque tenemos miedo, aterrorizados renegamos de todas las esencias bellas que se nos cruzan por el camino y nos vamos dejando vacios, vacios de aire y sueños perdidos

Creo que a veces olvidamos, demasiado deprisa, demasiado tarde, pero dejamos que todo se vaya y como si nunca pasase, se apila entre las nubes difusas de la memoria huida.

Creo que a veces creo demasiado, demasiadas cosas que no caben en un beso, como palabras derramadas que colmatan nuestros huesos, solo somos eso, creencias, recuerdos, sueños y besos; en la noche lentamente oscurecida el único calor que mantiene el corazón ardiendo es la cadencia de mis pulmones respirando, porque sé que estás conmigo, a mi lado. Piel con piel, sin cuidado, con las lágrimas unidas y los besos atados, los sueños fugados, juntos, en un coche robado, las esperanzas voladoras más arriba, sobre nosotros, donde la realidad no alcanza, donde no perecen ni se cansan.

Creo que solo quiero creer que miro tu cara, que tus ojos son mi mundo y tu interior mi morada, que te siento y el universo estalla, al fugacidad se para y el eje rota imperturbable por que te tengo, porque te tengo.

Por te amo, porque me amas.

lunes, 1 de junio de 2009

FIN/ THE END/ FINITO/ EN FIN



Hoy hay que escribir sobre “el final (por ahora) del cuento de la escritura azul” o “el final azul del cuento de la escritura” o “cuento azul de la escritura final” o cualquier otra combinación que se nos ocurra.



FIN / TELÓN


La función ha terminado y los actores se disponen a recoger sus cosas para irse a otro lugar. Se acabaron las representaciones allí y, a partir de mañana, hay que volver a comenzar de nuevo. “Todo final es el comienzo de un nuevo principio” se lee en una pintada de la camioneta que los transporta de tarde en tarde. El grupo permanece pero el público es distinto. “Panta rei”, todo fluye hacia otra cosa. No hay lazos, no hay vínculos (“las cosas son las cosas, nada más”; “los sitios, lugares de paso”), porque es mejor no apegarse; así la marcha es más fácil. Llevan aún pintadas en las caras las letras que han representado A,Z,U,L, por delante; T,A,LL,E,R por detrás. Las letras, en la obra, se juntaban y se separaban en un intento de construir mensajes abiertos, sugerir ideas: L,U,Z; T,R,A,Z,A. Ellos saben cómo moverse en el escenario y mudar de fachada al toparse con una nueva letra. C,U,E,N,T,O aparece ahora en una esquina y Sara abre los ojos y ríe. Es a Bea a quien le toca hablar y se mueve con soltura entre las interrogaciones y los cambios de entonación. El cuento sigue, pasa de mano en mano y ahora se convierte en P,O,E,M,A, y el amor se enreda con la desesperanza y el olvido: Arturo descubre por debajo de su melena todo un pozo de nostalgia. Enseguida Marta llena el espacio de dulzura y lee, creyéndoselo todo y convenciendo a su público que le pide insistentemente un final que alguna vez llega. Historias de dos caras, como Jano; las de Dani R., impecables casi siempre, divertidas las más de las veces, sentidas rotundamente. La K de E,S,C,R,I,T,U,R,A la lleva Miguel, el veterano, siempre fiel, incluso fiel a sí mismo, que es lo más difícil. A veces deja seco a su público al cortar el aire con el cuchillo de su palabra.

Morada, casi A,Z,U,L, es Andrea; asoma tímidamente su mano sobre el papel y pide tiempo, que acaba siempre consiguiendo. Llama a voces en el silencio hasta que hay alguien que la escucha.

Más letras, más palabras, más hilo… un carrete entero de colores, no solo azul (Dani, Carlos, Sara, Clara, Lucía, Carlota, María…), despliega su escenario ante un público difícil pero que siempre acaba entregándose.

Cae el telón y los actores se quitan con crema las letras que han ido representando. La huella de la suavidad que ellas dejan formarán parte para siempre de su ser, de la personalidad de cada uno.

Todo un éxito, aunque no hay aplausos y sí un C,O,N,T,I,N,U,A,R,Á.


Gracias a todos. Ha sido un curso estupendo.

jueves, 28 de mayo de 2009

Fin

Éste es el relato de Arturo, que no conseguía colgarlo, así que lo hago yo. Por cierto, Arturo, a lo mejor no estabas conectado cuanto entraste, o al copiarlo desde Word no te dejaba... Podemos investigarlo ^^

Bueno, creo que esto es una despedida. Supongo que debería llorar, pero si lo pienso bien... no me apetece realmente. Cuando eres suficientemente viejo para entender, comprendes que ciertas cosas no valen la pena. Tristemente, nunca se es suficientemente viejo para comprender, salvo cuando, como yo, estás esperando tu cita con la Dama. Si entonces eres capaz de abarcar toda tu existencia con una sola mirada; si eres capaz de observar desde el principio hasta el final; si eres capaz de aprender de los buenos y malos momentos; y sólo si entonces eres capaz de sacar pecho y comprender, entonces serás lo suficientemente viejo, y sabrás qué tiene importancia y qué no. Por desgracia, demasiada gente muere joven

Fue esta mañana cuando supe que iba a morir. Paseaba por los jardines, a la vera del río, escuchando apaciblemente las voces de los árboles como solía. En ese momento, una figura me salió al camino, y entonces lo supe. Porque vi su aspecto demacrado, su largo cabello azul, su manto a juego con la melena, y esos ojos grises, helados, casi sin expresión, sus manos huesudas aunque bellas todavía en cierto modo. Porque vi que era idéntico a mí, y al instante supe que era mi Doppelganger, mi doble espiritual, que se me aparecía, anunciándome así el día de mi muerte. Le tendí la mano, e inmediatamente desapareció dentro de mí.

¿Eres capaz de recordar? Supongo que recuerdas qué has comido, con quién saliste anoche e incluso qué hacías anteayer a la hora del café. Pero, ¿eres capaz de cerrar tus ojos, y ver en el interior cómo toda tu vida desfila ante ti? ¿Podrías recordar qué llevabas puesto cuando besaste a tu primer amor? ¿La hora exacta en la que la Muerte tocó por primera vez a un familiar tuyo? Claro que no. Pero no te culpo. Es cosa común que nuestras vidas escapan como la arena entre los dedos, y con ella los gozos y penas “menores” -“¿A quién le importa?”-puedes preguntarte-¿Acaso es relevante?- Pues sí, te respondo, lo es. Porque cuando olvidas un placer, algo te está robando una recompensa que merecías, pero aún peor: Cuando olvidas una desgracia olvidas también el motivo que la causó, así como sus consecuencias y las conclusiones que sacaste de ella. Así, sufres en vano, y nada de eso te llevas al otro lado. Sí, escandalízate y comprende, porque esto importa de veras. Pero también lo olvidarás, como yo lo hice, para al final recordar y llegar a mi estado.

Supongo que he tenido una vida plena, todo lo plena que puede ser la vida de un hombre azul: Tuve amigos; me acosté con mujeres; conocí maestros; reí; aprendí y amé; pero también me equivoqué y lloré; y sufrí, sufrí mucho y largamente: El dolor cruzó mi espinazo, y fui atravesado por astas y filos, tanto físicos como espirituales. Ardí, me congelé, estallé en una lluvia multicolor de fuegos artificiales, y saqué provecho de todo ello. En ese sentido los cristianos no van del todo desencaminados: “El Reino de los Cielos es para los que sufren penalidades”, pero alguien omitió las palabras completas del Único Rey: “penalidades de las que puedan aprender”. Ciertamente sólo así te ganarás el Cielo.

Soy suficientemente viejo para comprender que este cuento llega a su fin, y no voy a llorar. Espero que sigas mi ejemplo, seas quien seas, que si encuentras este pergamino puedas vivir en paz, sentir grandes dolores y grandes placeres, y espero que cuando llegue el momento puedas abarcar toda tu vida con una sola mirada y sacar pecho. Que puedas cerrar los ojos y ver a todos los que te ayudaron un día y te sujetaron cuando lo necesitabas; a todos los que te enseñaron por dónde debías seguir, pero sin llevarte de la mano por el camino; a todas las personas en las que te acurrucaste y te mecieron en sus brazos susurrando las más bellas palabras de amor en tu oído.

Así, este cuento llega a su fin, y es hora de mi última salida. Lloraría, pero creo que realmente no me apetece.